El enigma de unas horas

¿Qué quería significar en la media tarde del domingo la recrecida participación dentro de las elecciones catalanas? El test sobre el sentimiento de la unidad nacional en Cataluña se tornasolaba en el ir y venir de la perplejidad entre el temor y la esperanza de que el ascenso de la participación en las urnas sirviera lo bastante para que la mayoría silenciosa se despegara del mutismo y la abstención y pusiera las cosas en su sitio, instalando la respuesta de la mayoría española en Cataluña en los niveles de suficiencia; o que, por el contrario, significara que el “vivir juntos” los españoles todos era un ideal cuesta abajo. Batalla perdida y poco menos que llanto de Boabdiles. Sentimiento específico de una responsabilidad colectiva por omisión.

Al flanco de estos tornasoles del ánimo de la esperanza española, Iñigo Urkullu, el presidente de la Comunidad Autónoma Vasca, con una blanda admonición de sacristía, se descolgaba con la advertencia de que “el Gobierno también tiene un problema en Euskadi”, incursa – dice- en un proceso de construcción nacional dentro de la Unión Europea.

El lendakari se extendía asimismo, al flanco de las urnas catalanas, en consideraciones sobre el supuesto fracaso del Estado Autonómico, prejuzgando de tal manera sobre el desenlace final, por vía del recuento de votos, de la muy importante votación de ayer en Cataluña. Y, en cualquier caso, cancelando la posibilidad de que una derrota del independentismo en Cataluña, venga a propiciar, dentro del clima favorable para una reforma constitucional, la idea de que ésta sirviera para reforzar el modelo autonómico del Estado, purgándolo de las desviaciones sistémicas a que ha llevado la introducción en la Carta Magna de 1978 de la categoría política de las “nacionalidades”. Y con ello, la reasunción por la Administración Central del Estado de la competencia exclusiva de la Enseñanza.
Todo ello, obviamente, mediante un referéndum nacional en el que se pronunciara el pueblo español como protagonista de un proceso reconstituyente. Frente a sustos nacionales, visto en qué ha quedado el desafío separatista catalán, para muestra vale un botón.

El hecho de que la recrecida de la participación electoral se situara en ámbitos electorales de voto no independentista permitió augurar una victoria de la unidad de España.