La cruzada del embuste catalanista

Quizá en ninguna otra ocasión, incluido el explosivo octubre de 1934 con el dislate brutal de Luis Companys desde la Presidencia de la Generalidad, se había producido un cúmulo de enajenación nacionalista y prefascista, como la aportada por Dencás, con los socorros pecuniarios rogados a Benito Musolini para sublimar las fantasías imperiales de la Renaixensa. Aventada ésta por las trapacerías documentales de Próspero Bofarull en el seno del Archivo Histórico de la Corona de Aragón. Residenciado en Barcelona para desgracia de la integridad documental de la verdadera Historia de Aragón y Cataluña.

Posiblemente, la manipulación tramposa del “Llibre des Repartiments” (Libro de los Repartos), el compendio de las actas de asignación de bienes a los colaboradores del soberano aragonés en la conquistas de Valencia y Mallorca – unos navarros, castellanos y de otras tierras españolas, como las de la actual Cataluña, lo mismo que extranjeros -desde húngaros a otros europeos -, ha sido la base de la tergiversación de materiales en la que se ha nutrido, desde el último tercio del Siglo XIX, la falsificación de la Historia de España durante la Corona de Aragón.

El hecho de que por la naturaleza del documento se fueran tachando los nombres de quienes habían recibido su paga en tierras, castillos y otros bienes, la referencia de éstos aparecían tachadas, no pudiéndose identificar su nombre por tanto. La manipulación del tal Bofarull hizo que se alterara la identidad de la nómina de los participantes en la conquista de Valencia y los otros territorios, hinchándose numéricamente el total de catalanes participantes en las campañas. Del matute documental, junto con la desaparición del testamento de Jaime I, se derivó la posibilidad de afirmar a posteriori que fueron tales catalanes quienes llevaron su idioma a la población valenciana. Conclusión descabellada por el hecho de que en los fondos de la Biblioteca de Alejandría existían desde mucho antes de la conquista de Valencia versos escritos en valenciano.

Por otra parte y en torno a la misma cuestión, existía el dato de que el rey Jaime I, al otorgar sus fueros a los nuevos súbditos, dijo que fueran redactados en valenciano, que era la lengua hablada por éstos.

Tales tropelías cometidas con la realidad de las cosas, acumuladas desde Bofarull en adelante, han sido el combustible, junto con otras aportaciones de falsificación histórica con el que se ha guisado el dislate sectario del nacionalismo catalán, resuelto a estas alturas en separatismo puro y duro. Nutrido monetariamente con los sabidos fondos de las colectas del 3 por ciento y de algo más que los derrames de sabidas peripecias bancarias…

Tales factores y otros muchos configuran el pavimento mental, junto con la catastrófica cesión a la autoridad autonómica catalana de la competencia estatal en la Educación y la Enseñanza, sobre el que se desliza la consulta autonómica. Así la realidad, cualquier cosa puede salir de estas urnas catalanas.