Confirmado el cambalache fronterizo de Nicolás Maduro

Mientras el presidente de Colombia viaja a La Habana para consolidar el clima de acuerdo alcanzado en las negociaciones con la guerrilla de las Farc, luego de que fuera objeto de una larga cambiada en el encuentro cuatripartito de Quito (con el anfitrión ecuatoriano Rafael Correa; el antagonista, Nicolás Maduro; y el presidente Uruguayo, Tabaré Vazques) sobre la cuestión fronteriza de Venezuela con Colombia, se ha venido a confirmar aquello que cabía sospechar sobre las razones de fondo que habían movido a su homólogo del Palacio de Miraflores en el cierre parcial de la frontera entre los dos países.

Resulta ahora, 48 horas después, que el cierre fronterizo no sólo no ha sido levantado sino que se ha implantado el régimen administrativo de excepción en el espacio de los municipios pertenecientes del Departamento de Amazonas, lindantes asimismo con el territorio nacional de Colombia. El mosqueo al que daba pie la agitación madurista sobre los supuestos problemas de vecindad entre los dos Estados – contrabando común, tráfico de drogas y supuesta presencia de fuerzas paramilitares colombianas – se viene a multiplicar, agrandando el ámbito del conflicto con la añadida afectación de los municipios pertenecientes al Estado de Amazonas.

Pero tampoco ahí para la cosa. La temática de los límites fronterizos la extiende también Nicolás Maduro a la Guayana. Reverdece el viejo debate de la disputa territorial sobre territorios guyaneses imbricados en la cuenca petrolera del Orinoco, cuyos eventuales derechos de propiedad reclaman estos otros vecinos. Veremos qué otras posibles tensiones territoriales con los paredaños se saca de la manga el sucesor de Hugo Chávez, dentro de su ya esbozada estrategia perimetral de rodear el ámbito venezolano de un círculo de exacerbaciones nacionalistas de doble virtualidad operativa: distraer la percepción general, masiva, de que las cosas no pueden ir peor de lo que están en lo político, en lo económico y en lo social, y desviar la atención del escándalo que ha supuesto la eliminación, mediante la ficción de un proceso judicial sin garantía alguna, del más poderoso opositor, Leopoldo López, con el que la autocracia chavista se ha tropezado nunca.

El 6 de Diciembre de 2015, con sus urnas electorales, se alza sobre el horizonte nacional de Venezuela como un hito de máxima referencia para calibrar todas y cada una de las decisiones emanadas de la sede presidencial del Palacio de Miraflores.