Farsa en la frontera para una farsa electoral

Que el Pacto de Quito (en la residencia privada del presidente Correa) para supuestamente resolver la cuestión del cierre de la frontera entre Venezuela y Colombia, no sólo ha sido una fantasmada política con la que enmascarar la naturaleza real de qué causó realmente el sonoro percance de la expulsión y fuga de colombianos residentes en el imperio del chavismo, puesto que los límites entre las dos repúblicas no sólo permanecen cancelados todavía sino que además ha sido constituido un comité – venezolano- para estudiar la manera de introducir la llave que abra de nuevo cerradura.

Vistos los testimonios gráficos de la presentación del acuerdo, se advierte en la expresión facial del presidente colombiano la nula convicción de que lo presentado como acuerdo no tiene tras de sí otra cosa que una pantomima que enmascara la realidad de lo sucedido tras de la mediación de los presidentes de Ecuador, Francisco Correa, y de Uruguay, Tabaré Vazquez, conspicuos integrantes ambos del levógiro club político de UNASUR.

Por boca de un cualificado testigo español de lo que pasa en Venezuela en torno al encarcelamiento y condena de Leopoldo López, el más relevante exponente de la oposición en estos días, sentenciado a más de trece años de prisión: acusado por el Gobierno de Maduro de la muerte de 40 manifestantes, durante la gran protesta de febrero de 2014. Muertes causadas por los pistoleros del régimen chavista, puesto que la manifestación aquella, como las muchas que le precedieron, lo fueron como protesta por la implosión económica, social y política en que se había resuelto la gestión del presidente Maduro. Designado heredero por el difunto Hugo Chávez y proclamado (por sus conmilitones) vencedor en las últimas elecciones.

Así las cosas, con las urnas del 6 de diciembre próximo dispuestas sobre la línea del horizonte, como una letra al cobro electoral a poco más de 90 días, el opositor Leopoldo López no podía permanecer todavía en prisión y sin juicio unas semanas más. La checa institucional, propia del sistema, dispuso la farsa judicial. Sin observadores internacionales ni testigos de cualquier especie.

Reciente y fresco está el recuerdo de la peripecia venezolana de Felipe González. Tachado de “injerencista” por el sujeto de reata. Resulta imposible no asociar como factor coadyuvante al problema fronterizo colombo-venezolano la circunstancia de que el ex presidente del Gobierno español volara de Caracas a Bogotá cuando fue rechazada su asistencia en el proceso a la defensa de Leopoldo López. La demorada escandalera por el cierre de los pasos fronterizos ha operado por el régimen chavista como sordina y papel secante, como humareda también, para desviar la atención. Interna e internacionalmente. Cabe añadir que aquello fue tan falso problema como esto de Quito una solución en falso.