La victoria de Syriza dentro de una fuerte abstención

Con la ausencia en las urnas de la mitad práctica del censo electoral, la que fue más radical opción en este ciclo convulso de la democracia griega, Syriza, se programaba vencedora antes de que se cerrara el recuento de los votos. Unos resultados contradictorios con los sondeos de los últimos días, que apuntaban otros sensiblemente equilibrados con la formación derechista de Nueva Democracia.

Había razones objetivas muy claras para explicar la baja participación: el hecho de que la ciudadanía haya sido llamada a las urnas en tres ocasiones dentro de este ciclo político de la peripecia económica griega en sus dramáticas tribulaciones generadas por el peso de su deuda dentro de la Unión Europea, al cabo de tres rescates.

Pero si los datos de la contabilidad han sido de contundencia incontestable, no lo fueron sin embargo los argumentos esgrimidos y los promesas de solución ofrecidas por quienes, al cabo, han regresado al poder luego de haberse estrellado contra la tozudez de los hechos y el peso de la inesquivable de la dura realidad con la que deben lidiar los vencedores que ayer han vuelto a alzarse con la victoria.

De momento lo que puede destacar, tras esos resultados electorales de ahora mismo, son los términos de la lectura española que debe hacer la izquierda de aquí; concreta y especialmente, la aglutinada en los sesgos del populismo aventado desde la matriz de la peripecia del chavismo venezolano, acosado por la protesta de la de sus grandes mayorías nacionales. Esa es la otra perspectiva a considerar sobre la aventura de los “syricismos” americano, cursantes con sus destellos de confusión sobre el escenario electoral español.