Chile y otros tsunamis

Este último gran terremoto chileno – de 8,4 º en la Escala de Richter -, que ha generado expectativas de tsunami en el propio país andino como ámbito de cabecera, además de Perú, Ecuador, Isla de Pascua y archipiélago de las Hawai, ejemplifica, objetiva y subjetivamente, qué es lo inmediatamente temido como daños añadidos a los propios del seísmo en su sede geográfica originaria, resultante de la tensión tectónica de placas continentales. Efecto que se resuelve en la formación marina de un oleaje de potencia devastadora, tal como ocurrió en la japonesa Fukushima, el 11 de marzo de 2011, causando la desaparición de 3.380 personas y la destrucción operativa de la central nuclear del mismo nombre.

Fenómenos geológicos de tales características suponen una imagen útil para ilustrar sobre los alcances potenciales, derivados de ellos, de sucesos políticos, económicos, demográficos, o incluso militares, resultantes de respectivas circunstancias de imbricación o tensiones de sus correspondientes factores internos.

A tal dinámica cabe decir hoy que corresponde tanto el suceso de la muy sísmica guerra de civil de Siria, que sigue destruyendo el país como generadora del enorme suceso migratorio que involucra a gentes árabes e indostánicas, de Pakistán y de lo que fue la antigua Bengala, con su amplia cohorte, de incidentes de orden público como los de Hungría; y debates políticos como los que ahora cursan en el seno de la Unión Europea sobre la distribución de los migrados, que habrían de resolverse de una vez por todas en la Cumbre Europea del día 23.

En el orden económico tiene su sitio la expectativa internacional sobre qué tipo de medida decidiría la Reserva Federal norteamericana en torno a la disyuntiva de mantener o modificar el tipo de cambio, habida cuenta las circunstancias globales sobrevenidas por la ralentización del crecimiento de la economía china, por su efecto en los mercados bursátiles, y por la caída del precio de las materias primas, de tan crítico efecto en los números de las economías emergentes, especialmente en las afectadas por el desplome de los precios del petróleo o por la evolución del empleo en la economía estadounidense. Asuntos que en su evolución afectan, modificándolos, los cálculos que en un momento abundaban en la oportunidad y conveniencia de modificar por la Reserva Federal, en términos de un “cuartillo” o dos, el tipo de interés.

La virtualidad conformadora que es propia de esas decisiones de los procesos globales en lo económico y en lo político (como es ejemplo el naufragio en Venezuela de la aventura bolivariana, igual que el de la crisis de rumbo en sus epígonos populistas de aquende), se manifiesta también, como eventual derivada “tsunámica” del conflicto sirio, la colisión, en términos de tectónica de placas, de las tensiones euroamericanas y rusas a propósito del futuro de Bachar Al Asad.