Europa, Siria y el putineo

Mientras el cerrojazo húngaro de su frontera con Austria, para cortar el paso de los huidos de Siria, ha respondido Croacia con la apertura de la suya para que puedan seguir su camino hacia Alemania, y en tanto la canciller Merkel advierte a los Estados orientales de la Unión Europea reacios a la admisión de refugiados que se pueden jugar, por vía de sanción, las ayudas estructurales de Bruselas, Putin se complace con el problema/regalo que le ofrece la crisis migratoria.

Digo así porque ante el estancamiento diplomático del problema de Ucrania y frente a la carga que para su economía le suponen las sanciones económicas derivadas de esta grave cuestión, y los enormes quebrantos derivados del desplomado precio de los hidrocarburos, vuelve a brillar, en lo político y lo militar, la diplomacia del putineo.

De una parte, anuncia Moscú el reforzamiento armado de sus propias posición en la base de Lataquia y sus entornos; de otra, concierta con Damasco una conferencia de Prensa de Bachar al Assad para los medios rusos, ante los que éste se explaya en torno al guión del Kremlin sobre el megaproblema de la compulsiva y masiva migración de refugiados volcada sobre Europa.

Un guión o argumentarlo que se reduce a conjugar por pasiva las responsabilidades y culpas causadas por el terrorismo yihadista que motoriza la fuga en estampida de tales multitudes. La quintaesencia del razonamiento no es otra que la de demandar la cooperación internacional para debelar a los “terrorismos” que combaten en Siria contra el Gobierno de Damasco. El astuto Lavrov, ministro ruso de Asuntos Exteriores, habrá cubierto así, con creces, las necesidades de su patrón.

Desde otro ángulo y perspectiva complementarios, el gran problema que presenta el éxodo de esos miles de orientales que buscan, huyendo hacia Occidente, no sólo salvar sus vidas y las de sus familias, sino también refugio en otro quicio de civilización, es materia que, en manos de Vladimir Putin, se ha convertido en moneda de cambio para resarcirse de muchos de los costes que le ha supuesto su aventura de Ucrania. Es decir, con la anexión de Crimea y sus precedentes del 2008 en Georgia, dentro de una envolvente estrategia en el Mar Negro.

Pasos de reajuste geopolítico, en fraseología putiniana, a complementar ahora con el fortalecimiento, sobre el Mediterráneo oriental, de la base naval de Lataquia, en la costa de Siria. Como el Zar Pedro el Grande, busca presencia en aguas calientes: por el que fue Mare Nostrum y mediante la alianza con Irán, en el Golfo Pérsico. Además de la consolidación en el Ártico.