La megacatástrofe china de Tianjin

El sólo hecho de que en las instalaciones portuarias de la ciudad china de Tianjin se encontraran almacenadas no menos de 3.000 toneladas de productos peligrosos; que el espacio ocupado fuera de una superficie equivalente a lo que sería necesario para acoger 25 campos de futbol, y que 700 de ellas fueran de cianuro de sodio, enmarcado todo en la proximidad inmediata de una aglomeración urbana, presupone un cúmulo de factores de descontrol organizativo impensable sin un colapso previo de toda noción de seguridad. Un colapso de alcances sistémicos, localizado en el vértice de la estructura piramidal propia de toda organización más estrictamente termítica que propia de cualquier economía centralizada, a la que responden los paradigmas del marxismo-leninismo.

La observación de que el poder corrompe, y el poder absoluto lo hace absolutamente, es, como se sabe, de una descarnada vigencia en multitud de escenarios históricos. Pero casos como el que ahora cursa en Brasil, que parece arruinar el mandato de Dilma Rouseff, su actual presidenta, ponen sobre la pista, en el análisis de las causas de la corrupción, otras causas que las imputables al modelo político, centrándolas en las quiebras de transparencia y en las desconfiguraciones de la seguridad jurídica que debe sostener el correcto funcionamiento de las garantías formalmente establecidas.

También es obligado reparar en los problemas derivados de la complejidad de los procesos productivos y organizativos, en los que la incapacidad técnica se entrecruza con la moral deficiente de unos cuadros organizativos carentes del control político necesario.

Pero el caso de China, como ahora se ha demostrado con la catástrofe de Tianjin (114 muertes y 140 desaparecidos, más lo que puede venir si llegan las temidas lluvias, contaminadas por las 3.000 toneladas de veneno desembarcadas ilegalmente por vías corruptas), es de tal gravedad como para que pudiera traer, en sus consecuencias propias poco menos que de una crisis de régimen. Escenarios así en modelos políticos y sociales de aquella manera, suelen traer consigo ajustes cuentas y revanchas entre los mandarines instalados en el seno del sistema.