Niebla geopolítica en la Turquía de Erdogan

De sólo muy relativa cabe calificar la sorpresa por la probable e inminente retirada de los misiles Patriot, desplegados en Turquía por Estados Unidos y Alemania para un plazo de dos años, en previsión de los riesgos generados por la presión ofensiva de los riesgos generados por el EI (Estado Islámico), principalmente en Oriente Próximo y África Noroccidental.

Lo sorprendente en verdad ha sido en estas últimas semanas el silencio del bloque aliado ante el comportamiento del Gobierno islamista de Recip Erdogán tras de su acuerdo de colaboración con este bloque en su campaña militar contra las huestes de Al Bagdadi. Compromiso compensado con el apoyo occidental a Estambul en su respuesta armada a la sobrevenida actividad “terrorista” del PKK kurdo.

A lo que parece, el señuelo que animó a Washington a suscribir tal compromiso fue la aportación turca de la base aérea de Incirlik para ser utilizada por la aviación aliada en sus ataques al EI (Estado Islámicogenerada). Pero la sorpresa ha sido la intensificación de la aviación turca contra el PKK y la ausencia de toda cooperación contra la experiencia terrorista más importante del islamismo de combate habida en los últimos tiempos.

Si a todo ello se suman las interrogantes sobre los canales que el EI utiliza para poner en el mercado internacional del crudo aquél que extrae del Kurdistán iraquí, l a niebla generada, los interrogantes derivados de la ejecutoria de Erdogán, es de un espesor insostenible e incompatible en la relación con sus propios aliados. Las inquietud, las preguntas y las sospechas afloran a raudales.

En un escenario así, el de la oscuridad que envuelve las fuentes económicas del último terrorismo islamista en aparecer (de condición suní), no serían otras que las del petróleo robado por el EI en el norte de Iraq. No los supuestos donativos solidarios procedentes del sunismo del Golfo, como acaba de aseverar el ministro de Asuntos Exteriores del muy chií Gobierno de Teherán.

Esta espesa niebla geopolítica que se extiende ahora desde el Oriente Próximo y el Norte y Noeoeste de África, de mano del islamista

Erdogán, tiene un añadido espesor para los españoles, puesto que fue un político de aquí, el ínclito ZP, con su ocurrencia cardinal de la Alianza de Civilizaciones. Sólo suscrita – ¡que raro!- por el sorprendente Recip Erdogan.