Putin visualiza a la redonda la nueva tensión militar

Desde Kaliningrado, por el Báltico, a los confines de la frontera ruso-china, y por el calendario de las sanciones económicas impuestas por Occidente desde la guerra de Ucrania, el pasado fin de semana, horas después de la destrucción pública de cientos de toneladas de alimentos importados de Europa, comenzaban maniobras militares de localización discontinua en las que participan 7.500 artilleros y operadores de misiles.

La distribución geográfica de estos supuestos tácticos rusos aparece definida por los concretos espacios sobre los que se visualizó y sustanció el desacuerdo entre el Kremlin y la OTAN respecto al ajuste de las respectivas barreras anti-misiles. No estaba todavía en el horizonte el acuerdo para negociar con Irán la liquidación de su programa nuclear, aunque sí había trascendido el progreso iraní en la creación de un parque de misiles que incluía tanto la capacidad de alcanzar Israel con ellos como la de hacerlo sobre objetivos en Europa occidental. Era ya historia olvidad la de aquel primer tiempo de Putin en visitas a la familia de los Bush.

Tales fueron las referencias de fondo sobre las que se discutió sin llegar a ningún acuerdo. La ampliación de la barrera occidental estribada en Chequia y Polonia- a lo que se añadió el adelantamiento hasta Kaliningrado de las lanzaderas rusas de misiles -, enmarcó asimismo el reforzamiento del sistema atlántico, estribado en la base naval de Rota. De ahí que no deje de llamar la atención el hecho de que ahora, luego de que se llegara al Acuerdo con Irán de los 5+1 sobre el Programa nuclear de los persas, del que China es suscribiente como se sabe , haya venido a figurar, en los escenarios de las maniobras artilleras y misilísticas de Rusia, uno de específica localización junto a la frontera del gigante asiático.

Es algo que, en principio, tiene que ver lo suyo la cuestión de Ucrania. Pertenece al sabido discurso mental putiniano sobre el significado geopolítico de la desaparición de la URSS, que califica de “catastrófico” y , de hecho, de modo implícito, legitimaría históricamente todo lo practicado por la Rusia postsoviética en Georgia y Ucrania. De modo especial, con la anexión de Crimea –principalmente por su crítica base de Sebastopol – y con la mutilación de la soberanía de Kiev en las provincias orientales del Estado, al sostener, con armas y soldados propios a las milicias pro-rusas en Ucrania luego de haber anexionado, en Georgia, Abjasia y Osetia.

De todo ello cabe inferir, al aire de estas maniobras artilleras de verano, que por parte de Moscú no cabe esperar cambio alguno ni en el fondo ni en la forma de todo lo actuado hasta ahora. Lo que se visualiza es una práctica de consolidación global de lo actuado.