Yihadismo, leyenda y terrorismo

La confirmación por el Gobierno de Kabul de la muerte del Mulá Omar, cuya leyenda le ha mantenido vivo muchos años después de la última guerra de Afganistán – la que libraron allí las tropas norteamericanas después del ataque de Al Qaeda en Nueva York y Washington el 11 de Septiembre de 2001, al negarse las “autoridades” locales a entregar a Osama Ben Laden, al que supuestamente habían acogido tras de la audaz operación contra las Torres Gemelas y la sede washingtoniana del Pentágono -; y la versión actual de que Omar habría sido relevado por su hijo Mohamad Yaqub, componen un relato en el que los datos ciertos se amalgaman en una nebulosa presentación de la última crónica de la violencia islamista. Ahora relanzada con la aparición del llamado Estado Islámico, donde la brutalidad terrorista se adorna de sanguinarias barbaridades sistémicas desconocidas en los últimos tiempos.
No es desconocida sin embargo la común interpretación coránica de las llamadas “madrasas” o escuelas interpretativas del legado doctrinal del profeta Mahoma, de tan inquietante afinidad religioso-política con los Hermanos Musulmanes de Egipto: actualmente apartados de la vida nacional después del golpe militar contra la desviación de poder en que había incurrido el presidente Mursi, elegido en las primeras elecciones celebradas con la nueva Ley Fundamental que sustituyó a la del régimen del presidente Mubarak. El electo candidato de los Hermanos Musulmanes carecía de poderes legales específicos para hacer aquello que pretendía. Una Constitución Islámica. Había pretendido, partiendo de la norma civi, lo mismo que sus integristas correligionarios habían hecho previamente con el legado doctrinal del Profeta.

Fuera como fuese, tal y no otro ha sido el genoma doctrinal que aparece en la base de los sucesivos terrorismos islamistas actualmente cursantes, que ahora colisionan en Iraq, Siria y en África tropical. Actuándolo como una dinámica que genera la actual desestabilización demográfica en Asia y África, de la que resulta, a través del Mediterráneo, la compulsiva migración sobre Europa.

Proceso que está en la base de los dramáticos sucesos de estas horas por, el enlace subterráneo franco-británico.
Reparar en el hecho de que en el origen de muchas de estas transversalidades entre lo político y lo religioso se encuentra la movilización norteamericana – por el comienzo de la Ruta de la Seda- contra la invasión soviética de Afganistán, se encuentra el catalizador o desencadenante de la aparición de Al Qaeda, tras haber involucionado políticamente Ben Laden. También por ahí la leyenda del terrorismo islámico se resuelve en crónica e historia de un desacierto analítico a medio y largo plazo. Lo activado por la CIA contra la URSS engendró el efecto rebote estadounidense del 11-S y su actual duplicación del Estado Islámico, por Iraq y Siria, en las guerras de religión entre suníes y chiíes.