¿Hasta cuándo los insultos del mecenas?

Por no saber nada, también ignorará – quién ocupa la presidencia de la nación venezolana- qué significa la palabra “sicario” cuando, sin parar en barras ni motivación perceptible, la aplica al jefe del Gobierno español. Aunque la ignorancia de lo que se dice no exime de la responsabilidad que con ello se contrae, tampoco el probado conocimiento de la incapacidad que define al energúmeno en cuestión, exime al representante del poder insultado de la responsabilidad de articular en el menor tiempo posible la correspondiente respuesta.

Algo habrá que hacer o decir al responsable de la catástrofe económica, de la crisis social y del totalitario desgobierno que padece Venezuela, envuelta hoy día en la más alta crisis de criminalidad cursante en el planeta Tierra. Pero mientras se dice o se hace algo de lo mucho que cabe hacer diplomáticamente con el torpe lenguaraz graduado en su día por las Talleres Revolucionarios de La Habana, conviene barajar dos hipótesis complementarias sobre los detonantes de sus agresiones verbales contra el responsable del Gobierno español.

Sería una de las hipótesis la de que Nicolás Maduro querría engranar con la mutación frentepopulista creada con las pasadas elecciones locales y autonómicas, muy especialmente en lo que concierne a los Ayuntamientos de Madrid y Barcelona.

Y, de otro punto (nada distante de lo primero) montarse, de una parte, en la basculación socialista hacia el largocaballerismo del otoño de 1933 estribado en el dominio de la calle como alternativa al previsto fracaso en las urnas. Pero es de advertir asimismo que la onda frentepopulista en que ha naufragado Venezuela no es ajena al mecenazgo chavista de lo que ya atiende por esa “onda podemita” que en Grecia aupó a la Syriza del show referendista del “me voy pero me quedo”, hermana dialéctica con la que Ferraz se fue del brazo para apuntillar el bipartidismo de la Transición y promover (a ser posible) el cambio de Transición, de régimen y de Constitución.

Entre tanto, parodiando al tribuno romano, digamos y preguntemos a la tosca, torpe y burriciega reencarnación chavista de Catilina “¿hasta cuándo abusarás de paciencia nuestra?”.