La digestión del Pacto de Viena

El periplo por Oriente Próximo de Ash Carter, el secretario de Defensa de la Administración Obama, para distribuir seguridades en forma de tranquilizantes contra el mosqueo originado principalmente en Israel y los Estados árabes del Golfo por el Pacto de Viena, suscrito con la República Islámica de Irán sobre el control presente y futuro del uranio enriquecido hasta ahora en niveles críticos -susceptible de ser utilizado para la fabricación de armamento nuclear -; las visitas en Jerusalén, al Gobierno de Israel y en Yeddah, al Rey de Arabia, y al Príncipe Heredero y ministro de Defensa, componen el tercer capítulo del proceso de digestión y asimilación iniciado, en la sede de la Agencia Internacional de Energía Atómica, al estampar Irán su conformidad con el propuesto acuerdo de los Gobiernos de Estados Unidos, Rusia. China, Reino Unido, Francia, Alemania e Irán.

La escenificación de lo sucedido hasta el presente tuvo su arranque en el propio hecho de la firma, saludado por la inmensa mayoría como suceso positivo y conveniente para la seguridad del mundo. Algo tan patente en su valoración general como en su específico rechazo por los israelíes de su Gobierno junto con los saudíes y los aliados regionales de éstos en el Consejo de Cooperación del Golfo. Pero también debe significarse, como objetor de primer rango, la oposición del Partido Republicano, de sintonía tan calificada y expresa con el lobby judío.
Correspondió la segunda fase del proceso a la andanada antiamericana del Líder Supremo de la Revolución, Alí Jamenei, en su mensaje político/litúrgico del fin del Ramadán según el calendario de los chiíes. Reiteró Jamenei sus proclamas poco menos que de odio eterno a Estados Unidos por “su arrogancia”, llevando el tono a términos de global descalificación de tal interlocutor, como si los demás Gobiernos que participaron en la negociación no hubieran tenido arte ni parte en ella… Aunque quizá lo que yacía en el fondo de todo no fuera otra cosa que el cabreo porque Irán perdió la partida negociadora en la última fase, al prevalecer el principio de fiscalización suficiente en el seguimiento internacional del cumplimiento iraní de lo acordado en el Pacto de Viena, porque el peso de las sanciones durante más tiempo no lo habrían podido soportar los iraníes.

Y ahora, lo que define la tercera parte de la digestión del Pacto de Viena es la explotación diplomática, por vía de las gestiones del Secretario de Defensa en Israel y Arabia, de la victoria negociadora sobre la República Islámica. A Teherán no le cabe la posibilidad de hacerse con la bomba nuclear porque su derrota negociadora implica la pérdida de la opacidad en que pudo comenzar la construcción de un sueño que ahora le resultará imposible de alcanzar. El Líder Supremo tiene motivos sobrados para instalarse en el más supremo de los cabreos.