La cuestión griega, entre la contabilidad y la geopolítica

Tanto la movilización verbal del presidente Obama en su conversación telefónica con la canciller Merkel – a propósito de la situación creada por el Alexis Tsipras con la convocatoria de un referéndum sobre los acuerdos del Eurogrupo sobre el rescate de Grecia – significándole la relevancia de que Grecia continúe en la Eurozona, como la decisión del responsable político de Syriza de viajar a Moscú para entrevistarse con el presidente Putin (obviamente para debatir sobre la negociaciones en Bruselas), componen una dualidad de referencias que trascienden del debate económico y político de estos días en las Cumbres del Eurogrupo.

Posiblemente, lo único que le faltaba a la complejidad del caso griego, derivada de las patologías contables acumuladas desde la incorporación del país a la Eurozona, ha sido la llegada al Poder en Atenas del populismo de izquierda en su expresión más radical, esa que fluye caudalosamente del chavismo venezolano, sintónico del revolucionarismo residual de Cuba de las oscuras complejidades de la República Islámica de Irán y del componente antiliberal y nada democrático, de la diarquía gobernante en Rusia.

Prevalece en Atenas una ecuación ideológica antisistema orientada desde una animadversión confesa a los ideales que inspiran la construcción europea y que por esa misma reticencia de fondo sintoniza con los motivos y fobias de quienes en Ucrania se opusieron al europeísmo de las mayorías, lo mismo que previamente en Georgia. Antieuropeísmo que contó con la asistencia armada del Ejército ruso. Tales alineamientos y sintonías de la Syriza gobernante en Atenas son componentes de fondo que deben ser considerados al aire de los enunciados revisionistas de Putin sobre las supuestas consecuencias históricas de la desaparición de la URSS, que el actual presidente ruso considera “catastróficas”, a la par que implícitamente legitimadoras de los sucesos bélicos de Ucrania y Georgia.

Me permito insistir sobre el valor explicatorio que tiene ese putinismo de ahora cuando la deslealtad tramposa de Tsipras ha venido a crear una perturbación tan grave en la política europea y en los mercados del mundo, que no permite reducir análisis y explicaciones a términos meramente técnicos o simplemente políticos. Es altamente probable, en mi opinión, que la geopolítica pueda estar tan presente como la contabilidad en el zafarrancho griego de estas horas.