Otro caballo de Troya

Si el Banco Central Europeo hubiera decidido cerrar el grifo asistencial a la base bancaria de Grecia, cabría haber dicho que se acabó lo que se daba, no sólo en términos fiduciarios sino en términos políticos; y, más aún, en términos históricos. Al menos en lo que toca a la permanencia griega en la Eurozona, e incluso en la Unión Europea. Pero aunque el Gobierno de Atenas haya abierto su caballo de madera y su trampa cuando ya se habían cerrado en positivo las puertas de la negociación para el rescate, el Banco Central Europeo ha decidido este domingo mantener abierto el circuito de la liquidez de emergencia para los bancos griegos.

Los Gobiernos europeos, por su parte, entienden que Grecia cierra la negociación por haber interpolado en ésta la consulta plebiscitaria sobre los términos de la negociación misma. Algo que de algún modo cabe entender como una finta en términos de política doméstica, puesto que de esta manera Tsipras se zafa de toda responsabilidad en el rechazo popular de lo negociado hasta el último momento con sus socios/acreedores. Por ello se puede decir también que la convocatoria de un referéndum por el Gobierno de Alexis Tsipras, para que el pueblo griego diera su conformidad a lo convenido y pactado, ha dejado a los socios/acreedores con dos palmos de narices, tal como dejaron a los troyanos con el truco del caballo de madera. Una vez y otra, el genio de la trampa y el embuste – enquistados genéticamente por la convivencia secular y genética entre los helenos y los turcos seleucidas – se ha salido con la suya.

De momento, tras de la decisión del BCE de mantener abiertos los circuitos de liquidez, en la tarde de este domingo se desconocía si los bancos griegos – de los que este fin de semana se han retirado 400 millones de euros – abrirán este lunes y el resto de horas que le quedan a Grecia para pagar en su plazo la cuota que corresponde al Fondo Monetario Internacional.

La extrapolación de las consecuencias inmediatas de una eventual salida griega del Euro, con sus efectos sistémicos sobre el europroyecto global, llevaría a la recreación postmitológica del rapto de Europa a lomos del nuevo Minotauro. Un híbrido del rumiante de Creta y del oso ruso resucitado por el zar Vladimiro, que bien pudo endilgarle polonio político a Tsipras en el codo de un vodka durante su visita a Moscú de hace unos días.