Grecia/Venezuela, el peso de las promesas

Tan lejos y tan cerca una de otra. Unidas por el vértice, con el peso y las servidumbres del populismo. Más allá de las formas episódicas, con las recientes danzas atenienses de Iglesias, el caudillo Podemita, en la celebración litúrgica de la victoria electoral de Syriza; celebraciones y declaraciones que incluyeron la carga dialéctica del frente populista de la Hélade por supuestas y gratuitas hostilidades del Gobierno español contra los intereses nacionales de Grecia. Los desarrollos políticos posteriores en lo referente al proceso de negociación en la Unión Europea sobre las condiciones a que debe atenerse finalmente el rescate, han puesto de manifiesto lo gratuito de aquel alboroto frentepopulista en Atenas contra el Gobierno de España.

La incidencia de la campaña en las elecciones municipales y autonómicas vino – por el propio interés de Podemos – a barrer del horizonte la polvareda aquélla. En el cruce del eco y de las sombras de lo sucedido, a propósito de la política griega por el alboroto político del chavismo venezolano con el Gobierno español, y luego contra las gestiones del expresidente Felipe González en apoyo de los encarcelados dirigentes de la Oposición, ha sobrevenido el anuncio de la exigida convocatoria de elecciones generales para el próximo mes de diciembre. Hecho en cuya virtud, Leopoldo López, el dirigente opositor encarcelado durante más de un año en una prisión militar sin haber sido juzgado, llevaba hasta ahora más un mes en huelga de hambre.

Así las cosas, por vía del factor común que ahora comparte España con Grecia y Venezuela; es decir, por la presencia de Podemos como exudación ideológica del chavismo venezolano en los avatares de las urnas griegas y españolas, se ha venido a evidenciar la nueva afloración de algo que históricamente pudo darse por superado luego de lo que fue su brutal eclosión en la primera mitad del Siglo XX, con el choque de las derivas respectivas del frentepopulismo de izquierdas en el comunismo y, como reacción, del populismo de derechas en el fascismo.
En cualquier caso, parece evidente que en la presente ocasión parece que la cosa puede explicarse desde las dinámicas de la globalización, en las que coexisten movimientos sociales retardatarios como los iberoamericanos, desfasadas en media centuria con las europeas, a los que son propias otras exigencias de modernidad en las que se integran la obligada respuesta a las nuevas complejidades de cambio económico y social con las constantes históricas de exigencia para que la democracia no se corrompa con los desvaríos de la demagogia. Esa tentación que lleva a prometer lo que no se puede, tanto en el qué como en el cómo.

Así se ahoga Venezuela en la penuria social y en el fracaso económico pese a sus inmensas riquezas, y así la izquierda gobernante en Grecia se ahoga en la rebelión de quienes le votaron a la hora de hacer frente a las deudas que se contrajeron.

El caso español – no en lo económico sino en lo político – veremos en qué queda cuando pase el repaso de las elecciones generales.