Abre el verano y regresa la Guerra Fría

La política internacional, como la nacional, tiene también sus puertas giratorias para transitar de una situación a otra. Una para la retirada de los ministros de sus funciones públicas, desde la participación en las responsabilidades políticas, a las poltronas de los Consejos de Administración. La otra, para transitar las naciones desde escenarios de calma y distensión a otros a otros de tensión explícita con torvo, expreso y recíproco mirarse los unos a los otros, mutados desde la condición implícita de adversarios a la explícita de enemigos.

Ashton Carter, secretario de Defensa en la Administración estadounidense, acaba de confirmar oficialmente lo ya anunciado por el New York Times hace unos días sobre la inminente decisión de Washington respecto a un despliegue de fuerzas terrestres en el espacio báltico de Estonia, Letonia y Lituania- anexionadas por la URSS durante la Segunda Guerra Mundial- junto con Polonia, y en el ámbito geográfico del Este Europeo, en Rumania y Bulgaria. También, eventualmente, en la propia Alemania.

Se trata de un total de 5.000 hombres, 200 carros de combate y 1.000 vehículos de Infantería. Es importante la precisión oficial de que el despliegue de estas fuerzas no se hará directamente sobre el terreno que componen estos escenarios con especificaciones finales y cerradas, sino que se modulará en términos de bases para un posterior despliegue puntual propiamente dicho.

Obviamente estos hechos no resultan de una ocurrencia o decisión precipitada sino que llegan como eslabón de una cadena de respuestas occidentales a la anexión rusa de Crimea. Una decisión subsiguiente al abanico de sanciones políticas y económicas, al que fueron interpolados refuerzos aéreos primordialmente asignados al área báltica. De donde no se ha cejado en la demanda – no atendida hasta ahora- de puntuales refuerzos militares de todas clases.

El motor de esta suerte de involución histórica con las enteras trazas de un regreso a los tiempos de la Guerra Fría, no ha sido y sigue siendo otro que la presión rusa sobre las orillas del Mar Negro, tanto en Georgia como en Ucrania, a partir del momento mismo en que uno y otro de estos mundos eslavos definieron una vocación y destino occidentales, en lo político, lo económico y lo militar enmarcados en la Unión Europea y en la OTAN.

Lo único que resta precisión al etiquetado de “guerra fría” es que tanto en uno como en otro país, en Ucrania y en Georgia, el conflicto lo ha tenido todo de explícitamente caliente. Pero a ello habría que responder que en esto como en lo de entonces el frío del conflicto sólo se centró en Occidente. Lo otro fue guerra caliente, con lo de Vietnam, en Asia, y con las guerras de África y las guerrillas de Hispanoamérica etc.