La deuda griega y el cuento de la buena pipa

Mientras el Banco de Grecia advierte de “Grexit” si fracasara la negociación, ello llevaría a los griegos a la quiebra y a la salida de la Eurozona y de la Unión Europea, puede que este jueves sea, con la reunión del Eurogrupo, el tiempo crítico para que acabe de una vez el cuento de la buena pipa, la confusión entre las voces y los ecos dentro del debate circular en el que siguen instalados hasta el presente los representantes griegos y sus numeralmente disminuidos interlocutores, tras de la retirada del Fondo Monetario Internacional por el foro de la interlocución en presente. Podría ser la clave esa ráfaga arbitral de Mario Draghi, el presidente del BCE, proponiendo flexibilidad, al decir que “todos los actores involucrados deben hacer concesiones”. Además de Atenas.

Es, o al menos lo parece, sobre la inquietud de los mercados, la hora de la política; entendida ésta en toda la diversa amplitud de los sentidos. Los números por si mismos no bastan cuando los factores considerados aparecen afectados por pérdida de homogeneidad. Y por ese ángulo de apreciación pareció discurrir la propia observación del presidente del Banco Central Europeo, antes y después de que respondiera a la acosadora interpelación de un eurodiputado de Podemos que confundía churras y merinas, a propósito de la identidad y funciones de la referida y principal institución bancaria en la Unión Europea. Y de los propios menesteres de quien la representa.

En este agónico debate por el que discurren los componentes históricos y políticos del endeudamiento de Grecia en el seno de la Eurozona y los legítimos intereses de los socios europeos financiadores de su rescate, no cabe dejar de considerar lo ideológicamente heterogéneo del discurso y de la moral política que media entre la de éstos y la idiosincrasia cultural de este Gobierno de Atenas, tan representada por el europarlamentario interpelante español del presidente del BCE.

Estos diferenciales conforman un dato de obligada consideración a la hora analizar los datos de contexto político en que se ha amasado la cualidad del desencuentro – esencialmente por desconfianza – en la negociación del rescate de Grecia. Otro hubiera sido el debate si otra fuera la pasta ideológica de Syriza. Al fin y al cabo no son sólo números lo que cuentan. Pesan cardinalmente cultura política y valores.

Ha latido hasta ahora un desconcierto de fondo, directamente agravado por la distinta moral política que alienta entre una y otra parte. Es desconcierto el que impera en el grave escenario de la política de la Eurozona, de acusado parentesco con el que prevalece en España. Como muestran los términos en que se ha sustanciado el choque parlamentario de ayer entre Pedro Sánchez, el líder socialista, y el presidente del Gobierno, cuando éste ha denunciado la estrategia de Ferraz en la política municipal tras de las elecciones poco menos que como un salto desde la europea socialdemocracia europea al frentepopulismo venezolano de Nicolás Maduro.