Putin pretende secuestrar la guerra de Ucrania

La aventura histórica emprendida por el perpetuado poder putiniano para “remediar la catástrofe histórica” que supuso, según dijo Vladimiro, la desaparición de la Unión Soviética, le llevó en 2008 a la amputación georgiana de Osetia del Sur y Abjasia, y en 2014, con la guerra de Ucrania, a la cabal anexión de la península de Crimea y a la aun irresuelta ocupación militar del espacio más sensible, por rusófono, del territorio oriental ucranio. Allí, entre otras particularidades, está anotada la caída del avión derribado con cohetes rusos entregados por Moscú a los combatientes transfronterizos en el curso de los combates con las fuerzas nacionales de Kiev, que fueron la materia de los transgredidos acuerdos de Minks para el cese de las hostilidades.

Este jueves, Vladimir Putin ha dado curso a un decreto por el que se viene a establecer que a efectos internos e internacionales, los datos referentes a las bajas militares en tiempos de paz constituyen secreto de Estado. Lo que significa, a efectos externos e internos de la Federación Rusa, que los tiempos de paz son, asimismo, implícitamente, regulados por decreto y hurtados al tráfico informativo lo mismo que los tiempos de guerra. Dicho de otra manera, lo que se hace es secuestrar la información, enterrarla, bajo la establecida premisa de que Rusia no está en guerra con nadie, y por eso las bajas de los combatientes rusos en la guerra de Ucrania no existen y, para la política interna de la Federación, son datos o referencias inexistentes.

Frente a lo que niega el Poder, son varios centenares los combatientes rusos que han muerto en Ucrania, según las versiones de periodistas y opositores al Gobierno de Putin, entre los que militó Boris Mentsof, asesinado en Moscú el pasado mes de febrero. Se trata por tanto de un asunto, este el de las bajas habidas en esa guerra y nunca reconocida por Moscú, lo que ha llevado a la emisión del putiniano decreto de marras – oficialmente explicado como “reacción natural a los cambios de la situación en el mundo” -; pero no sólo en el mundo en general sino, muy principalmente, en el espacio nacional de la Federación rusa. La cosa se prefigura como cuestión de interna estabilidad; es decir, como un añadido coste a los otros, económicos y políticos, ocasionados por las sanciones occidentales y otras represalias ocasionadas por la guerra de Ucrania.

Masa de rebotados efectos entre los que se suma la marginación rusa del G-8, y podría quizá añadirse la repercusión en la fecha de los Mundiales de Futbol. Demora en la que cabe añadir las represalias políticas de Washington como el propio Putin ha querido denunciar, posiblemente con razón en este caso…