La dependencia chavista del castrismo

No es descubrir ningún mediterráneo lo que se indica en el título que encabeza esta nota. Cualquiera está al cabo de la calle respecto de lo que se dice al respecto; pero en pocas puntuales ocasiones la cosa ha estado tan formalmente clara como ahora, después de que se restablecieran las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana. Luego de este suceso que cerraba medio siglo de plenaria carencia de relación entre ambas partes, fueron muchos quienes nos hicimos la misma pregunta: ¿qué va a pasar ahora con la interlocución política entre Caracas y Estados Unidos?

Cuánto ha cursado hasta ahora ha sido, al menos por parte de Caracas, un estado de exabruptos y bronca permanente. Pero las cosas no podían en modo alguno seguir así. Obstaba al despegue físico de las relaciones cubano-estadounidense. Urgía acabar de inmediato con la distonía crítica que imperaba, pues era de cajón que detrás de la cuerda iba el pozal. De tal manera ha podido afirmar Nicolás Maduro que este martes ha conseguido sentarse a hablar con un “enviado especial” del presidente Obama. Un diálogo – añade – que hasta ahora “va bien”, esperando que no sea saboteado por “terroristas” venezolanos (que es cómo el régimen del madurismo define a la oposición que se atreve a protestar en la calle) o por la “ultraderecha” de Estados Unidos, que es como despacha tan fino estadista de guayabera a la mitad del arco político norteamericano.

El nuevo clima político entre las partes se ha sustanciado hasta el momento con el reconocimiento venezolano como embajador estadounidense a quien ha sido hasta ahora encargado de negocios de Washington en Caracas. Lo cual reduce a la mínima expresión de lo sustantivo el camino y el progreso en el cambio iniciado ahora mismo en la relación de Estados Unidos con la subordinada soberanía de Venezuela a la “tutela revolucionaria” del régimen de La Habana. Se infiere la realidad del estricto estado de mínimos a que sido reducido el cambio entre los dos Gobiernos la propia precisión hecha por Nicolás Maduro de que en su opinión la Casa Blanca no está dispuesta a “discutir” la derogación de la norma estadounidense en cuya virtud ciertos funcionarios venezolanos fueron sancionados en términos que incluyen el bloqueo de sus bienes en Estados Unidos.

De todo ello en adelante es de prever que toda “normalización” de relaciones entre Washington y Caracas excluye la aceptación por Estados Unidos del régimen de represiones y prisiones que padece la Oposición encarnada en la resistencia a que la democracia venezolana – ya reprimida en vida de Hugo Chávez – se acabe de convertir, por entero, en estricta dictadura de formato parasoviético. En todo caso es de prever que tanto una como otra evolución de las “normalizaciones” de Venezuela y Cuba con EE.UU. cursan necesariamente como recíprocamente condicionadas.