G-8: Putin, baja por chorizo

El 7 y el 8 del próximo junio – por chorizo – no estará Putin en el castillo bávaro de Elmau, sede de la Cumbre del que dejó de ser G-8 para quedarse en G-7. Por lo que la canciller Merkel ha dicho en el Parlamento alemán que la Federación Rusa a la que representa el impresentable Vladimiro, seguirá de baja mientras no sea Crimea devuelta a la soberanía de Ucrania. Ese puñado de potencias industriales concertadas que era el G-8 es también, según ha recordado la gobernante alemana, “una comunidad de valores entre los que se incluyen la observancia del Derecho Internacional y el respeto a la integridad territorial de los Estados nacionales”.

En ese mismo turno parlamentario, la óptica política desplegada por la representante del Gobierno alemán se ha enfocado a la consideración de las condiciones de principio a que se deben atener actitudes y comportamientos del conjunto de aspirantes que componen la Asociación Oriental, reunidos en Riga en una Cumbre con la Unión Europea, especialmente en los casos de Ucrania y Georgia, respecto de la necesidad de “grandes esfuerzos” para acceder al Acuerdo de Asociación mediante una mayor lucha contra la corrupción, para el fortalecimiento de la justicia y de las estructuras económicas.

Como no podía ser de otra manera, el encuentro de Riga, en el que junto a Ucrania y Georgia han estado los demás componentes de los otros europeos “orientales” (Moldavia, Bielorrusia, Armenia y Azerbaiyán) no podía menos que traer al primer plano de las consideraciones, como elemento central del paisaje, la cuestión de Ucrania, tanto por la anexión ilegal o robo de Crimea como por el incumplimiento de los acuerdos de Minks para la estabilización de las hostilidades en los espacios orientales de Ucrania.

Asimismo no han podido faltar las observaciones de principio en el sentido de que la Asociación de la UE con estos países del Este no es un mecanismo político para ampliar el poder de ésta ni va dirigido contra nadie, especialmente contra Rusia; y al propio tiempo, se parte del reconocimiento de que las profundas diferencias y obvias asimetrías de los conjuntos y de éstos entre sí, comportará proporcionales dificultades en el ensamblaje final de uno y otro paquete de asociados.

Y en cuanto a un hipotético regreso de la Federación Rusa al G-8 en el corto o medio plazo, tras devolución de lo anexionado, parece tan improbable como una lluvia tan grande que permitiera después picar la Luna a los patos.