El portazo dictatorial a González en Caracas

Este lunes 18 de mayo habría llegado Felipe González a Caracas para prestar asistencia técnica al dirigente opositor venezolano Leopoldo López, encarcelado desde hace más de un año por el Gobierno de Nicolás Maduro, pues tal era la fecha para que se le iniciara el proceso del que estaba todavía pendiente; proceso que seguirá sin arrancar, porque la separación de poderes – propio de los sistemas democráticos y parlamentarios – no existe en Venezuela. El Poder Judicial, del chavismo es dependiente por entero de los otros dos: el Ejecutivo y el Legislativo.

Lo ha sido en este caso del Legislativo, sometido a la férula de Diosdado Cabello: uno de los hombres fundamentales del sistema, al punto de que al hacerse público en su día lo mortal que era la dolencia padecida por Hugo Chávez – y la proximidad del fatal desenlace – el alboroto sucesorio que se montó en la covacha superior del régimen giró principalmente sobre dos nombres: el de un hermano del enfermo y el del propio Diosdado Cabello. Sería después la decisión arbitral del enfermo, nombrando a Nicolás Maduro sucesor a título de candidato a presidente de la República, lo que resolvió la discusión.

Convenía ahora a la imagen y a la idea de que el poder en el régimen chavista de ahora mismo no es un poder solitario – el del presidente Maduro – sino un poder compartido y solidario entre los primates históricos del sistema. Una fórmula capaz de remedar la genuina división y reparto de poderes que es propia de las democracias y contratipo organizativo de las dictaduras sobrevenidas, como respuestas, por la corrupción de las castas y los caciques, como dirían los becario/asistentes que por aquí reivindican el 15 de mayo como otra revolución ibérica de los claveles.

Pero el portazo que le han dado a Felipe González – con el aplazamiento indefinido de la apertura del proceso del chavismo a los opositores Leopoldo López y al alcalde de Caracas Antonio Ledezma, no se la han dado a él sólo, se la han dado a otros muchos – comenzando por José María Aznar – y a toda la legión de ex mandatarios hispanoamericanos que se han pronunciado en apoyo de las libertades y garantías democráticas para loa venezolanos.

Ese frente internacional contra los desmanes “bolivarianos” con la democracia es ya dato tan irreversible como de plural escenario, así el localizado el pasado jueves en Washington con la entrega del Premio Democracia a los encarcelados López y Ledezma, recogido por sus respectivas consortes, que semanas antes habían venido a Madrid para entrevistarse con el presidente del Gobierno español, detonando la correspondiente tensión entre los respectivos Gobiernos. Esa breva presidencial venezolana puede estar más madura que lo pensado por su titular.