Cauce iraní para la paz en Siria

Antes de que las negociaciones con la República Islámica de Irán concluyan su larga marcha con un acuerdo definitivo sobre su programa nuclear, parecen aportar ya positivos y distintos efectos en otro ámbito de las relaciones internacionales, concretamente en el Próximo Oriente. Se entrevé ahora que la guerra civil en Siria – en el inicio de su quinto año – podría encontrar una salida negociada si el régimen de Teherán, al aire de tal acuerdo final en sus negociaciones con los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y Alemania, se aviene a impulsar la apertura del Gobierno de Damasco – del que es su principal apoyo – a una negociación para el fin del conflicto.

Dos factores enmarcarían la llegada a ese otro proceso negociador: la ausencia de condiciones previas, conforme adelanta la parte iraní, y la solidez política de la Unión Europea en su apoyo a las gestiones que en este sentido realiza Federica Mogherini, la representante de Bruselas para las relaciones políticas internacionales.

Teherán ha dicho que tomaría parte en una nueva ronda de conversaciones sobre Siria. Soporta esta declaración el encuentro habido en Nueva York entre la señora Mogherini y Mohamed Yarad Zarif, ministro de Asuntos Exteriores de la República Islámica. Lo que parece poco menos que una oportunidad de oro para acometer políticamente el fin de la sangría en que ha venido a concluir el desenlace de la “ola democratizadora” de la llamada Primavera Árabe, sería tanto como una añadida renta de paz al acuerdo sobre el programa nuclear iraní – algo que, no debe olvidarse – inquieta sobremanera tanto a Israel como a los Estados del Golfo y al propio Egipto, que es el contrapoder de los árabes suníes al peso regional del chiísmo que representa el régimen de los Ayatolás, establecido en 1979, tras de la revolución que derrocó al Sha Reza Palhevi, que significativamente, ya en el exilio, fue a morir en Egipto del cáncer linfático que padecía.

Muchas son, y cada cual más compleja, las cuestiones, los intereses y las inquinas que aportan el combustible de la guerra civil en Siria; unas, de naturaleza endógena y esencialmente religiosa, entre suníes y chiíes, y otras de estricta naturaleza geopolítica, como materia de fricción entre Estados Unidos y la Federación Rusa.
Un deseable positivo desenlace de la iniciada gestión de la señora Mogherini, tendría mucho de indiscutible aportación europea a la remodelación de los equilibrios internacionales en el Oriente Próximo y Medio, de efectos prácticos e inmediatos en la contención de los flujos migratorios de allí sobre la Unión Europea.