Crisis en el estatus chipriota

Las elecciones turco-chipriotas celebradas el pasado domingo, en las que resultó vencedor la opción revisionista del Partido de la Democracia Comunal – que propone un pacto de unidad política con los greco-chipriotas de la otra parte de la isla – ha traído a las 48 horas una declaración admonitoria del presidente Recip Erdogan a la propuesta de M.Akinci, el dirigente del partido vencedor, sobre el que el jefe del Estado turco se pregunta si “sus orejas habrán escuchado qué dijo su boca”, queriendo significar con ello la gravedad y el calado de su propuesta de cambio en el actual marco de concurrencia de las dos comunidades de la isla – la greco-chipriota y la turco-chipriota – como alternativa para llegar a un enlace político con la Unión Europea: inaccesible para las aspiraciones de Ankara por la oposición a ello en el seno de la UE, principalmente el de Francia.

En la realidad práctica, este “incidente” electoral del pasado domingo lo que ha venido a poner de manifiesto es la precariedad jurídico formal de la biestatalidad existente en el ámbito chipriota, sobrevenida desde 1974, cuando las Fuerzas Armadas de Turquía invadieron el norte de la Isla ante la presumida evidencia de que la Enosis o unión expresa del territorio al conjunto territorial de los griegos – partiendo de la evidencia de que la mayoría demográfica isleña correspondía a la población no turca – podría cristalizar a corto plazo con la integración de Chipre en el conjunto nacional helénico.

La partición nacional de la soberanía chipriota como salida al hecho de armas por parte de Turquía trajo consigo el establecimiento del ortopédico remedio de un estatus internacional basado en el concurso de una fuerza militar permanente de Naciones Unidas; fuerza que es la decana de cuántas dispone a lo ancho del mundo. Desde tales precedentes que conforman el “caso chipriota” como un supuesto de precariedad, y desde las insuficiencias prácticas con que se encuentra la mayoría poblacional del territorio, significativamente además en lo económico, se entiende que haya sido precisamente en la parte turca del territorio donde haya brotado por vía democrática, a través de las urnas, la propuesta integradora de Akinci para la aproximación a la Unión Europea, que se ha resuelto como no accesible de la mano del reislamizado gobierno de Ankara.

Tampoco la detección de hidrocarburos en espacios del Mar Egeo que Atenas reclama como propios, propicia la aceptación tranquila de Erdogan de las por ahora sólo palabras del turco-chipriota Akinci, el vencedor de las elecciones del domingo en el norte de la Isla de los Cipreses.