Venezuela-España, hipótesis de normalidad

A estas horas de la tarde del domingo, probablemente, habrá regresado a Caracas el embajador español en Venezuela. El presidente Maduro dio un paso atrás, tendió la mano como dijo García-Margallo, el ministro español de Asuntos Exteriores, y las cosas volvieron al punto de dónde nunca debieron salir.

La cuestión ahora sería saber qué condiciones han mediado para la rectificación del Gobierno venezolano. Lo normal, en la generalidad de los casos, sería que desde la Jefatura de aquel Estado se hubiera repensado, sin más, que la crisis, ahora aparentemente resuelta, carecía de base objetiva alguna. Que todo resultaba de un calentón de boca: algo infrecuente, por no decir enteramente anómalo en la práctica política internacional; incluso en supuestos de consanguinidad histórica y cultural, como son los propios, con nosotros, de los pueblos hispánicos de América.

Pero ni así. El dislate habido con el verborréico calentón de allí, era poco menos que obligado pensar que al presidente Maduro le hubiera llegado un recado probablemente del propio mundo hispánico subrayando la desproporción existente entre lo manifestado en Caracas y lo sucedido aquí: la petición de las respectivas esposas de dos de los tres alcaldes encarcelados. Efectivamente, el recado mediador ha sido el de los Gobiernos de Ecuador y Brasil.

Aunque existe otro particular detectable en ese superado proceso de enfrentamiento, desde allí, contra el legítimo interés del Gobierno español en que el de Caracas se atenga en su conducta al respeto a los valores democráticos que comparten la inmensa mayoría de los regímenes iberoamericanos. Asimismo resuena aun lo del supuesto “frente político” de hostilidad a Venezuela: que habría sido idéntico y paralelo al que también atribuyó a España el actual Gobierno griego, declaradamente sintónico con el discurso ideológico de Podemos.

No es ocioso recordar este punto, porque corresponde a algo que pesó entonces y continúa figurando en un orden de cuestiones de doble lectura capaz de devaluar la normalización política hispano-venezolana rebajando ésta a la sola condición de hipótesis. Algo que resulta útil para el camino de convergencia entre la Unión Europea y el mundo iberoamericano. Y también para la seguridad de las empresas españolas radicadas en Venezuela.
Lo que se abre ahora, como no puede ser de otra manera – conocidos los precedentes – es un compás de verificación. La normalidad necesaria es poco más que una hipótesis.