Penúltimo paso con Venezuela

Con 50 etarras acogidos en Venezuela, ese fino estadista que lleva a su país a la colisión frontal con España – luego de haberlo sumido en la ruina -; ese personaje que atiende por el nombre de Nicolás y por ironía el apellido de Maduro, ha cometido la avilantez de culpar al Gobierno español por el apoyo a la oposición desbordada que padece el régimen bolivariano y que éste despacha con la calificación de terrorista. Un fracasado sistema que para él y los de secta, quienes disienten y se manifiestan en la calle no son otra cosa que delincuentes de la peor especie.

Recibir a esposas de encarcelados dirigentes de la oposición llegadas a Madrid en busca de apoyo, le ha merecido al Gobierno español y a quien las recibe los más soeces improperios presidenciales; y a Felipe González, por haberse ofrecido a colaborar en la defensa de ellos, la calificación de “persona non grata” por parte de la políticamente castrada actual Asamblea Nacional venezolana.

Proporcional a los agravios recibidos, con insultos de toda especie, ha sido la respuesta del Gobierno español con el segundo de los pasos dados hasta el presente: llamar a nuestro embajador en Caracas. Fue la primera de las respuestas citar en el ministerio español de Asuntos Exteriores al representante del régimen chavista en Madrid. Llamar a su embajador por parte de un Gobierno es paso que no significa otra cosa que la suspensión por tiempo indefinido de las relaciones entre las dos partes.

La salida de tal paréntesis, el paso subsiguiente, o es la solución de la crisis, o la ruptura de relaciones diplomáticas. Y de ahí en adelante, la práctica común suele llevar a la apertura de una Oficina de Representación, ajena a toda actividad formalmente política. A tal no solución del problema en las relaciones hispano-venezolanas es a lo que podría llevar el actual estado de cosas entre Caracas y Madrid, por resultas de la inepcia, la incapacidad y el sectarismo de la casta tardomarxista instalada en el poder dentro de la Venezuela madurista.
Como “regalo de bodas” del chavismo a las de la izquierda tertuliana con la democracia española, el desenlace en curso de las relaciones hispano-venezolanas no está mal, en la medida que pueda definir qué son todos y con quién está cada cual. Pero de momento estamos en el penúltimo paso.