Cisco en las ubres venezolanas de la última izquierda española

Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, ha hecho algo más que tomar el relevo en la rueda de improperios en que el sistema chavista se ha metido por causa de las reacciones que desde España les llegan por la represión leninista de tres de los líderes alcaldes de la Oposición democrática: Leopoldo López, Antonio Ledezma y Daniel Ceballos. El turno en ésa rueda le ha llegado ahora a Felipe González, acusándole de dirigir “grupos paramilitares para asesinar personas que políticamente le contrariaban a él”.

Obviamente, el tal Diosdado Cabello, que en los últimos días de Hugo Chávez, cuando se certificó clínicamente lo inmediato de su muerte y antes de que éste nombrara sucesor a Maduro, fue uno de los nombres que se barajaron, para hacerle presidente de Venezuela. O sea, era y es uno de los primates de la oligarquía chavista y, por tanto, una de las bazas a las que el sistema podría recurrir en el caso de que Maduro naufragara políticamente en el torrente de sus despropósitos y errores de toda laya.

En cualquier caso debe advertirse que la coyuntura crítica por la que atraviesa el régimen populista, desde el grado de polarización y el nivel de disidencia interna en que se encuentra Venezuela -origen de la actual tensión entre el régimen de allí y la clase política española-, es algo que acontece a estas horas dentro de un marco político nuevo, surgido de la Cumbre de las Américas celebrada en Panamá y, específicamente, del inicio de la “normalización” de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Proceso éste en el que se ha formalizado la baja cubana en la nómina internacional estadounidense de países de significación o compromiso con el terrorismo.

Y es en este momento de cambio de agujas sobre el terrorismo nacido durante la Guerra Fría cuando el tal Cabello toma la vez y arremete contra Felipe González, refiriéndose al episodio de los GAL, justo ahora, cuando el número de etarras establecidos en Venezuela, naturalizados en el país por la expeditiva vía de servicio prestados al régimen en sus complicidades con las FARC colombianas, las luminarias políticas locales no tienen más brillante ocurrencia que la de echarle en cara al ex presidente del Gobierno español su participación en las campañas antiterroristas contra ETA. Por parecida regla de tres podrían cargar contra la Audiencia Nacional por haber pedido en 2010 la extradición del etarra Arturo Cubillas.

Así, con este cisco montado por las demandas españolas a favor del pueblo venezolano, se las gastan allí los gestores de las ubres en que se han amamantado ciertas de las izquierdas que ahora concurren por primera vez a las elecciones de aquí.