En tiempo de descuento las negociaciones con Irán

El día mismo en que la actual política de Washington contra el EI (Estado Islámico) consigue una victoria hipotecada en Tikrit -ciudad natal de Sadam Hussein y plaza neurálgica en el avance de las fuerzas militares de Bagdad hacia Mosul y su crítico entorno petrolero-, cuando por la medianoche expira el plazo para un acuerdo preliminar en las negociaciones  que ahora cursan en Lausana, el complejísimo ajedrez político, diplomático y militar que se juega en el Oriente Medio genera tensiones, seguimientos y expectativas tan singulares como lo es, a su vez, el nivel de interdependencia y la amplitud del radio de las realidades concernidas en los términos de un solo enunciado.

La globalización de las cuestiones cursantes en la complejidad de lo que ahora ocurre y sobre lo que se discurre en el Oriente Medio -y en otros órdenes temáticos-, hace que problemas que fueron singulares y discernibles en solitario hasta hace poco, se integren ahora en una poliédrica y necesaria unidad de perspectiva.

Esa “victoria hipotecada” conseguida en Tikrit es así por el propio hecho de que sin el concurso de la colaboración militar iraní en términos de dirección y asesoramiento; lo mismo que el giro diametral del curso de la guerra iniciada y sostenida por el EI contra el poder -democráticamente legítimo- de Bagdad, en paralelo con la que el mismo EI opera en Siria contra el régimen antidemocrático de Damasco.

En el contexto de esta doble realidad, la resultante práctica sería tanto como una sola y misma partida lo que se ventila en los dos tableros. Pero no acaba ahí la complejidad. A ello también habría que sumar el peliagudo asunto que se está sustanciando en el Yemen, dónde el chií movimiento Uthi, dirigido por Irán contra el poder de Sanaa, ha provocado la intervención aérea de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos entre otros Gobiernos de la Península Arábiga, con el beneplácito del nuevo Egipto del general Al Sisi: dispuesto como ningún otro miembro de la Liga Árabe a cortarle el paso a la República Islámica de Irán, tanto en la región, por razones geopolíticas, como en el desordenado orden islámico, frente al mundo chií que Teherán sostiene y contra el yihadismo terrorista del EI y de Al Qaeda.

Todo ese mundo vuelca ahora mismo -en el tiempo de descuento- su sombra sobre el tira y afloja de quienes debaten en Lausana si se llega a una nueva fase en la negociación de las garantías  internacionales suficientes para que Irán se descabalgue de toda tentación atómica en sus críticos enriquecimientos del uranio.