Las expectativas sobre Irán oscurecen aún más el futuro de Nicolás Maduro

El estancamiento sin pesimismo de las negociaciones de las seis grandes potencias con Irán sobre su programa nuclear, en el curso del actual compás crítico de la situación, parece tener una traducción inmediata y bajista sobre el precio del crudo, con un descenso de hasta los 52 dólares en el Brent, como precio de referencia en Europa.

Es quizá la clave de ello lo poco alarmante de la reticencia de Teherán, en las negociaciones de Ginebra, a la demanda de que consigne en el exterior -probablemente en Rusia- un porcentaje suficiente de uranio enriquecido que le reduzca la disponibilidad suficiente de utilizarlo para, en el plazo de un año, hacerse con la bomba atómica.

Tal situación de limitado forcejeo ha sido bastante, al parecer, para que se vislumbre un próximo escenario de mayor desenvoltura económica iraní, traducida en el aumento de las exportaciones de su crudo, con un obvio significado de crecimiento de la oferta global y la consiguiente caída nueva de los precios del barril. Ninguna previsión peor, a corto y a medio plazo, para la dramática situación  en que se encuentra la economía de Venezuela. Tanto que el Gobierno de Nicolás Maduro se ha visto obligado a reducir a la mitad el “precio” que en barriles de crudo paga a Cuba por los “servicios” que ésta le presta en instrucción, asistencia sanitaria y seguridad sistémica  -muy especialmente en inteligencia-.

Los envíos de 500.000 barriles/día se ha reducido  la mitad. Y en muy parecidos términos, las facilidades otorgadas a las pequeñas repúblicas de la región ideológicamente confederadas con el régimen venezolano.

El coeficiente internacional de interacción hace que tanto la propia Conferencia de Ginebra sobre el programa nuclear iraní como la misma evolución de los acontecimientos en el Oriente Medio, especialmente con la suma del conflicto yemení que Arabia dimensiona con sus bombardeos de las fuerzas Uthies del chiísmo que Teherán alienta, y el añadido de la reacción militar egipcia a la muertes de cristianos coptos degollados por los islamistas del EI (“Estado Islámico”), con bombardeos sobre el Oriente líbico en que se encuentran también efectivos del EL, además de la formación desde la Liga Árabe de una fuerza militar multiestatal; todo ello, aumenta la volatilidad de las referencias que sobre el papel habrían de propiciar una recuperación del precio del barril.

Traducido este conjunto de factores políticos y militares en el Oriente Medio a la dramática situación económica y política  en que se encuentra Venezuela durante esta última etapa de la “revolución” chavista, los pronósticos que cabe hacer  giran en torno a la hipótesis de que el régimen bolivariano muera de inanición económica por insostenible devaluación de su riqueza petrolera.