Teologización de la geopolítica en Oriente Medio África

La intervención aérea de Arabia Saudí en Yemen por causa de la rebelión de la minoría en el país, -dónde ésta, los Uthies – han puesto en fuga al presidente, que en estos momentos se encuentra refugiado en Riad, ha reproducido un cuadro semejante al que ocurrió en agosto de 2011 en Bahrein; semejante en su génesis sectaria y en su estructura de acción contra del territorio, pero muy diferente en cuanto al tipo de operación militar y en todo lo referente al contexto de entonces y a la situación regional de ahora. Entonces fue una entrada conjunta de fuerzas armadas pertenecientes todas – incluidas las del propio Bahrein – en la propia Manama, capital del archipiélago que acoge una de las bases de la V Flota norteamericana en el Océano Índico. Ahora ha sido el bombardeo por parte de la aviación de Arabia Saudí y del endoso de los demás componentes del Consejo de Seguridad del Golfo.

Asimismo, mientras en aquella ocasión la rebelión de los chiíes de Bahrein tenía el probable auspicio de la vecina República Islámica de Irán, esta vez el escenario político y militar es distinto. Los iraníes comparten con los árabes del Golfo la tarea de frenar y reducir la expansión del Estado Islámico (EI) en Iraq y Siria, cuyos Gobiernos, en uno y otro Estado, están constituidos por chiíes – mayoritario en Bagdad y minoritario en Damasco -, en tanto que los yihadistas del Estado Islámico y de Al Qaeda, que traen en jaque a esos dos Gobiernos, pertenecen al extremismo terrorista del sunismo y son concurrentes, además de objetivamente competidores, en los escenarios africanos de inestabilidad generada por la dilatada crónica de la “Primavera Democrática” nacida en el Túnez, dónde la democracia restablecida tras la doble derrota de la dictadura de Ben Alí y de los islamistas en las urnas, lidia ahora con la represión del terrorismo yihadista de confusa adscripción.

La situación en toda la referida geografía mayoritariamente musulmana es de una complejidad desconocida hasta ahora. Y lo es hasta el punto de que la Liga Árabe se ve forzada a retomar nuevos intentos para constituir una fuerza militar conjunta como necesario instrumento para la estabilización del proceso político, acosado como está, de una parte, por los yihadismos y, de otra, por el peso político, doctrinario y militar de una República Islámica de Irán, que a estas horas acaricia la posibilidad de un acuerdo internacional sobre su programa nuclear que le permita desbloquear su política y su economía, instalándose en normales condiciones de concurrencia en el mundo.

Lo novedoso es que la explosión del terrorismo religioso y la posible normalización internacional de la República Islámica de Irán fuerza a una reformulación geopolítica, al menos en Asia Menor y África, sobre una crispada base de teología de combate entre suníes y chiíes y de todos ellos mismos entre sí.