Esta Venezuela, ¿matriz política y ubre económica de “Podemos”?

Dentro de la consustancial oscuridad en que se desenvuelven los patrocinios económicos de las aventuras políticas de exportación por parte de regímenes de poco escrúpulo democrático, destaca estos días la polvareda política que ha desatado desde Caracas ese fino ejemplar de botarate de maraca que atiende por el nombre de Nicolás Maduro, presidente polémicamente electo de la hoy triste Venezuela, luego de haber sido designado heredero, a título de caudillo bolivariano, por el desaparecido Hugo Chávez, quien en vida le había también promovido a conductor de los asuntos exteriores de su gobierno revolucionario, luego de haberlo sido en sus inicios del transporte público caraqueño, bien que después fuera pulido en los “talleres revolucionarios” de La Habana.
Tan abreviado proceso de formación profesional sería la explicación de que ahora, a propósito de la movilización de apoyos por Felipe González, expresidente del Gobierno español, para la liberación de personalidades venezolanas de la oposición democrática contra la deriva totalitaria allí cursante; personalidades como Leopoldo López y Antonio Ledezma, alcalde Caracas, demoradamente encarcelados sin ser previamente juzgados, como es de rigor en los sistemas democráticos de poder.

Pues bien, ante tal pretensión del político español, como conocen nuestros lectores, Nicolás Maduro, luego de quererse legitimar frente a supuestas conspiraciones golpistas, primero califica de “injerencia” la pretensión de González y luego echa mano de la andanada aquella de Txipras el griego contra el Gobierno español de formar un “eje” con el de Portugal en perjuicio de los intereses nacionales de su país.

La estupidez aquella, salida de la estolidez sectaria de los comunistas helenos- posiblemente alentados entonces por sus primos ideológicos de “Podemos”, que habían viajado hasta Atenas para compartir con ellos la miel de la victoria electoral – ha sido remedada por Maduro al inscribir el propósito de Felipe González en los ejes de las conspiraciones que, supuestamente, hervirían a estas horas para apearle del poder y hundir la revolución bolivariana; aventura que tanto provecho y abundancias ha traído para la población venezolana, como muestra el desabastecimiento de bienes básicos, los niveles estratosféricos de la inflación, la disparada dependencia de productos extranjeros por la simétrica caída de la producción nacional y un endeudamiento internacional que hipoteca, poco menos que críticamente, las propias disponibilidades nacionales del devaluado petróleo
Tales y no otros son los factores que conspiran contra el futuro del Gobierno de Nicolás Maduro, quien se pone de los nervios al comprobar que le sirve de muy poco, añadidamente, gastarse los recursos en financiar la demagogia populista de los hijos de la burbuja generada por la crisis.