La “injerencia” de FG en Venezuela

Merece la cosa una breve nota. No es otra la historia que la primera respuesta del chavismo venezolano a la iniciativa del expresidente español Felipe González de visitar a los encarcelados líderes opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma en la prisión de Rama Verde, donde se encuentran: el primero, desde hace más de un año; y el segundo, desde hace unos meses. Pendientes ambos de un proceso judicial conforme los principios y garantías observados en todo Estado de Derecho.

Esa primera respuesta no es otra que la formulada en Madrid por el diputado chavista Darío Vivas, ex vicepresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela. Personaje que camino de Hanoi, para asistir a un encuentro de la Unión Interparlamentaria, se ha despachado contra la iniciativa del político español de aportar, en socorro de ambos presos políticos, una movilización iberoamericana de representantes del mundo de la Política y del Derecho en apoyo de los referidos opositores a la política chavista, recrudecida en sus rigores y en su fracaso económico con el actual Gobierno de Nicolás Maduro.

El envite del sistema populista contra la iniciativa – que se pretende regional – de Felipe González, se ha sustanciado en su arrancada, por el enviado de la actual Caracas, con una retahíla de insultos y descalificaciones sobre la figura de Antonio Ledezma, al que se detuvo en su despacho por medio de asalto físico, rompiendo la puerta a golpe de mazas; se ha sustanciado, digo, entre otras lindezas, preguntándose “cómo se pretende que se suelte a un corrupto, fascista represivo…” Y añade quien peregrina al foro interparlamentario de Hanoi: no vamos a aceptar que se estimule la impunidad en nombre de los derechos humanos”.

La cuestión de fondo va más allá que todo eso. Venezuela, como cualquier otro Estado, contrae responsabilidades jurídicamente exigibles cuando ha suscrito Tratados Internacionales por los que se ha obligado a respetar los derechos humanos. Lo declarado por el diputado de marras sobre la iniciativa del político español contra el giro dictatorial de la represión chavista no se sostiene ni con muletas. Habrá hecho un servicio a la dictadura de Maduro, pero sin respeto y con escarnio al objeto de su viaje al sureste asiático.