Yemen, por el yihadismo, está que estalla

La decisión del Gobierno estadounidense de evacuar toda su comunidad nacional en Yemen, incluidos los componentes de las Fuerzas Especiales presentes en ese país de la península arábiga, ilustra sobradamente sobre el incendiario nivel de caos allí existente. Un lugar al que afluyen cientos de radicales islamistas procedentes mayoritariamente desde Túnez y otros ámbitos, incluso europeos, unos en busca de un puesto de combate en el Estado Islámico (EI), y otros en pos de parecido destino por las diversas franquicias de Al Qaeda.

Estas son las horas en que destellan – aparte de los combates que se libran en los espacios de guerra abierta por el norte de Iraq y el norte de Siria – esos dos movimientos yijadistas pertenecientes al hemisferio islámico del sunismo, que además de disputarse la hegemonía en su mundo de radicalismo extremo se configuran como una amenaza severa contra la estabilidad de los Estados que fueron internamente desarticulados – o simplemente zarandeados – por la ola reformista de la llamada “primavera árabe “en el curso de los últimos cuatro años.

La infección terrorista que ahora mismo afecta a la nación tunecina, en los términos que nuestros lectores conocen por estar Túnez en el centro de la información internacional de última hora, opera en un nivel de estructurada comunicación con el Estado (?) yemení. Algo que no sólo resulta de los sangrientos sucesos de Túnez sino de la sostenida base causal común a los largo de los últimos cuatro años, establecida por la referida “primavera árabe”. Sin la dinamitación de los soportes de seguridad y control de los correspondientes Estados, no habría sobrevenida infección yihadista que, directa o indirectamente y en desigual afectación, padece a estas horas, de oriente a poniente, más de un tercio del mundo africano.
Los Estados fallidos y los que están en trance de acabar siéndolo también, por niveles críticos de sobrevenida incapacidad de respuesta frente al desafío yihadista, componen el contexto operativo de la peste terrorista que conlleva. Desde lo cual se hace evidente la conclusión que esta peste terrorista se mantendrá – no sólo en África, sino también en parte de Asia e incluso de Europa (incluida la propia Rusia) – mientras no desaparezcan las debilidades estatales y las descoordinaciones en los sistemas defensivos, especialmente los que pasan por la canales de información, tal como desaparecieron en las ciudades de Europa las casas de madera en las que anidaba la rata negra – al igual que en los coetáneos barcos asimismo de madera -, cuyas pulgas, con sus picaduras , trasmitían la peste bubónica.

Salvadas las diferencias que sean del caso, parece que la única política que se concierte para la respuesta – globalmente europea en este caso – habrá de ser suficientemente radical tanto en términos de represión y prevención del terrorismo yihadista, como en lo que respecta a la rapidez y prontitud con que se concierten y apliquen.

Habrá que esperar con impaciencia, contra el yihadismo, en qué términos y a qué velocidad se concierta la respuesta europea (incluida Rusia) en los mundos africanos – desde su norte mediterráneo al Sahel subsahariano – y desde Asia Menor, incluido Irán, al espacio uroaltaico. Y a propósito de Irán, parece de la mayor relevancia global el inmediato acuerdo de principio que parece vislumbrarse para este próximo jueves en las negociaciones nucleares del 5 más 1 (Usa, China, Rusia, Reino Unido, Francia…y Alemania) con el régimen de la República Islámica de Irán. La conducción iraní de la guerra del Ejército de Iraq contra el Estado Islámico al norte del espacio mesopotámico, pudiera ser el principio de una cooperación suficiente e inteligente contra el yihadismo, la dicha peste (terrorista) del Siglo XXI.