Como un referéndum sobre los palestinos

Aunque en la forma las elecciones de este último martes en Israel hayan sido una consulta ordinaria para mantener el signo del actual Gobierno (de Benjamin Netanyahu) o para cambiarlo, en el fondo y en la práctica lo que se pretendía averiguar y decidir era si continuaba la política seguida frente a los palestinos, o si por el contrario y se cambiaba de rumbo; un cambio orientado al restablecimiento de puentes con el mundo de los palestinos que aun creen en la posibilidad de un cambio que permita cambiar las condiciones para el establecimiento de un Estado palestino. Fórmula que permita cumplir y cubrir el ciclo histórico de su representación.

Tan clara estaba la cosa que, en sentido contrario, Benjamín Netanyahu hizo de su oposición a tal propósito la clave de tan breve campaña electoral. De ahí que tal como queda apuntado líneas arriba, la materialidad de la consulta debe ser definida como un “referéndum”. Para el “No” o para el “Sí” del Estado Palestino”: para el desenlace del proceso aun inacabado de recreación histórico-política de la identidad de ese pueblo en el concierto de las naciones, puesto que la ANP(Autoridad Nacional Palestina) define una situación transitoria y fraccionaria, larvaria, llamada a convertirse y resolverse, finalmente, en Estado.

Esa evolución poco menos que biológica es por su misma imparable. De ahí que la obstrucción sistemática a ello por parte de la política del Likud de Netanyahu – apoyada entre los israelíes por los componentes hipernacionalistas en lo político y ultraortodoxos en lo religioso – haya hecho que, hasta ahora, el proceso de reconocimiento del hecho nacional palestino, desbordase el cauce de la política israelí y, al menos, conseguido el estatus de “observador” a través de la Asamblea General de la ONU.

Afortunadamente, el marco institucional del Estado Judío y el correcto funcionamiento de su democracia, operan de hecho como esclusas reguladoras de la alternancia política y, por lo mismo, de la voluntad puntual del electorado. La alternativa al rumbo político seguido por Benjamin Netanyahu ha venido representada en esta ocasión por el laborista Isaac Herzog y la centrista Tzipi Livni, que formó parte de este último Gobierno hasta el pasado diciembre, luego de un dilatado periodo de colaboración con Netanyahu, al que superó “insuficientemente” en las elecciones anteriores, abriendo el camino a una arbitraje político de Simon Péres, el Jefe del Estado Judío.

Pero es que, además, la señora Livni condujo previamente, desde el Gobierno israelí, las negociaciones con los palestinos representados por Mahmud Habas; negociaciones que avanzaron hasta dónde nunca lo habían hecho, aunque todo se vino abajo con la llegada de Netanyahu a la jefatura del Gobierno. Sobreviniendo después la penúltima guerra de Gaza, el naufragio del proceso de paz árabe-israelí, y la reciente tragedia de Gaza. Livni se asoció ahora Herzog y catalizó así para la consulta de este martes de marzo, su práctica condición esencial de referéndum sobre el Estado Palestino.