Cuestión bifronte en Venezuela

El ciclo autocrático de Venezuela, ahora madurado mediante la “habilitación” parlamentaria que debe acabar el 31 de diciembre de este año y que otorga al actual presidente poderes omnímodos en todo cuanto toca a la administración del poder político, está girando ya sobre dos ejes internos: la ejecución de maniobras militares en la que participan 80.000 hombres pertenecientes a las FF.AA. y 20.000 milicianos. Su armamento, comprado a Rusia y China, se distribuye básicamente en el asignado a las milicias, de tipo ligero, y de tipo medio y pesado para el componente militar de los ejercicios ahora comenzados y desde largo tiempo atrás preparado para una eventualidad como la detonada con las sanciones económicas norteamericanas contra los siete puntales personales de la contracción totalitaria en que se había resuelto, progresivamente, el régimen chavista desde la llegada de Nicolás Maduro a la presidencia de Venezuela.

Junto a la realización de estas maniobras militares – que abundan en la visualización del discurso presidencial sobre supuestas conspiraciones estadounidenses destinadas a la perpetración de un golpismo contra la soberanía nacional de Venezuela -, progresa la consolidación de las detenciones de personalidades de la Oposición democrática , especialmente Leopoldo López, que ya cumplió un año de encarcelamiento, y Antonio Ledezma, alcalde Caracas, detenido asimismo tras del asalto de su despacho oficial.

El caso de estas dos personalidades opositoras – cuyas respectivas esposas han sido recibidas por Mariano Rajoy en su condición de presidente del Partido Popular, y en su despacho de la calle Génova –, ha operado, a lo que se ve, como detonante de las sanciones de la Casa Blanca; que, a su vez, han desencadenado la galopada de Maduro con la suspensión de los controles y garantías institucionales acordes con el principio democrático de división de poderes, propio de las democracias occidentales.

Sistema que funciona desde las libertades y para las libertades mismas. Con sus correspondientes garantías. Justo lo que Nicolás Maduro se ha quitado de en medio, con la suspensión “habilitante” de las mismas. Cacicada totalitaria con la que se ha ciscado en la legitimidad constitucional, pues ni el Poder Ejecutivo ni el Legislativo tienen potestad para cambiar o suspender la Constitución en que tales poderes se apoyan.

Pero ocurre también que ese doble eje interno de la evolución política venezolana – el de la burla de la Constitución y el de la exhibición de fuerza con las maniobras de los mandos militares politizados, que combinan con las otras de las milicias políticas del régimen chavista – se engrana, analíticamente, en la proyección sobre el tiempo electoral español del discurso ideológico de allí... A este respecto no se ve claro todavía en beneficio de quién resulta esta proyección o rebote de ese tabaco doctrinal que ha cruzado por mar dos veces el Atlántico: si en beneficio de Podemos, respecto a sus concurrentes de las izquierdas aquí establecidas, o en perjuicio de los susodichos y provecho del bipartidismo; es decir, de la “casta” que aquéllos dicen. En este caso el beneficiado sería el electorado en las urnas, olvidándose de las encuestas; o sea, espantándose del dengue y la malaria bolchevizantes y chavistas que el leninismo de maraca pudiera inocular en España como lo ha hecho en la arruinada Venezuela.