El EI desbloquea sin querer la negociación de la paz en Siria

En declaraciones a la cadena de TV CBS John Kerry, el secretario de Estado en el Gobierno de Washington, cuando la guerra civil de Siria entra en el quinto año, anuncia algo a lo que siempre se resistió hasta ahora: la postura rusa de que se entrara en un proceso negociador como único camino de poner fin a un conflicto cuyo balance trae ya 200.000 muertes, dos millones de gentes sirias desplazadas y un cúmulo de incalculables daños materiales a lo ancho del país.

La negativa norteamericana a la tesis de Moscú se remonta al inicio, cuatro años atrás, cuando comenzaron en Ginebra las negociaciones para resolver tanto la cuestión central, la idea de la negociación política al respecto, igual que la discusión de temas colaterales de gran peso, como la eliminación de armas químicas por parte del Gobierno de Damasco. Asunto éste que se llegó a resolver por la presión conjunta de Estados Unidos y de la Federación Rusa, al pactarse un calendario para la entrega sucesiva a una instancia internacional de la totalidad de este tipo de armamento, desglosadas todas las armas químicas en cuestión, cuando era del caso, de los vectores empleados para su uso.

Ese concreto punto definió un momento poco menos que estelar en la relación ruso-americana. Resentida entonces, todavía, por lo que había sido la tensión entre las dos potencias por causa de la guerra de Georgia, resuelta con la anexión por Moscú de los territorios de Abjasia y Osetia del Sur, dentro de un contexto en que los rusos respondieron al deseo manifiesto del Gobierno de Tiflis de integrarse en la OTAN. Una situación de casi idéntico alcance a lo que sobrevendría luego en Ucrania, como consecuencia de la doble apuesta de ésta tanto por su decisión de asociarse comercialmente con la Unión Europea, como por su proyecto de integrarse a medio plazo en la estructura militar de la Alianza Atlántica.

A ese mismo orden causal respondieron las referidas anexiones en Georgia de Osetia del Sur y Abjasia. Como las de Ucrania, con la anexión de la Península de Crimea - principalmente por su base de Sebastopol - y la devaluación soberana de los territorios orientales desde Kiev, tras de la encubierta movilización por Moscú del hecho lingüístico - como en Georgia -, implementada con suministro de armas, pesadas y ligeras, y aportación de militares propios sin identificarlos como tales, disimulados sin uniformes ni insignias.

Tanto en un caso como en el otro, antes en Georgia y ahora en Crimea, lo actuado por Rusia responde a un mismo principio geopolítico: salvaguardar el control del Mar Negro, que baña las costas de los dos Estados intervenidos en sus respectivas mutilaciones territoriales. Algo que ha quedado tan patentemente claro que tiene activadas las alarmas de la OTAN en lo que respecta a la cuenca del Mar Báltico y, específicamente, en lo que concierne a la seguridad de Estonia, Letonia y Lituania.

El recital putiniano para la amortización de la “catástrofe geopolítica” en que consistió, según el actual presidente ruso, la desaparición de la URSS, explica sobradamente las activadas alarmas de la organización militar atlántica respecto a esta segunda cuenca perimetral de Europa. Pero también aporta explicación y sentido al énfasis con el que Rusia apuesta por la carta de los Assad en Siria para mantener algo más que una ventana sobre el Mediterráneo oriental, lo mismo que apoya al régimen persa de los Ayatolás para disponer otro tanto sobre el Mar Caspio. Más allá que por el gusto del caviar en su rima gastronómica con su vodka.

El contrapunto a todo eso se localiza a estas horas en la flexión diplomática de Washington sobre el eventual pacto con Moscú para buscar, conjuntamente, una vía política que facilite las cosas a Damasco tras de aislar al “Estado Islámico” del caótico conglomerado en el que combate al Gobierno de Bashar El-Assad. Pudiera ser así, de este modo, que el EI y demás franquicias del yihadismo hayan venido a resultar como la mosca que cae en el tubo de ensayo y opera como el catalizador que precipitó la solución del problema.