Quiebra internacional de la dictadura de Maduro

La Resolución del Parlamento Europeo contra la acelerada deriva totalitaria del régimen chavista venezolano, aprobada por una clara mayoría a propuesta de los Grupos Popular, Socialista, Reformistas y Populares viene precedida en estos últimos días de las sanciones aplicadas por la Administración estadounidense contra los siete componentes principales del aparato represivo del régimen, y por la censura de la Organización Internacional del Trabajo, junto con sus equivalentes del mundo empresarial, por las respectivas violaciones de los derechos humanos en su gravedad más extrema: muerte de siete manifestantes, entre ellos un chico de 14 años; encarcelamiento de 15 empresarios y confiscación de establecimientos y plantas empresariales para incorporarlos a las respectivas cadenas de los ineficientes complejos estatales en los distintos sectores de la economía venezolana.

Y, dentro de las violaciones de toda suerte de fueros políticos y libertades ciudadanas - en paralelo de todo el desmadre bosquejado en las referencias anteriores – el capital asunto de los presos políticos, arbitrariamente encarcelados: sin juicio previo y sin ningún tipo de garantías para su integridad personal, lo mismo en el orden jurídico que en el plano de la seguridad física de los encarcelados: Antonio Ledezma, alcalde de Caracas, detenido en su despacho oficial, asaltado con mazas y picos por agentes de la policía política del régimen; Leopoldo López, torturado luego ser detenido hace ya un año, sin mandato judicial alguno, tras presentarse en dependencias oficiales del sistema. Y junto a estos dos dirigentes de la Oposición democrática al régimen castro-chavista, el nombre de Daniel Ceballos.

Del opositor H. Capriles, antagonista frente a Nicolás Maduro en las elecciones venezolanas últimas (primeras del heredero político de Hugo Chávez), cuyos polémicos resultados- indemostrables de modo fehaciente - fueron poco menos que fallados en un “acuerdo” regional habido en Perú por presidentes de la zona, presumiblemente “engrasado” alguno con barriles de crudo aun sin devaluar. Del opositor Capriles, digo, no consta que hasta el momento haya sufrido acoso alguno, quizá por el blindaje que supone el hecho de ser adversario amortizado por su convenida derrota.

De todo el conjunto de críticas y acosos internacionales aflorados en los últimos 30 días en torno al fondo material y a la forma política de la quiebra venezolana, quizá haya sido lo más relevante el repaso administrado al respecto por el Parlamento Europeo el último jueves. No sólo porque se hayan tenido que “retratar” genéricamente, por tendencias, los respectivos grupos de la Cámara, sino porque los solidarios con el “madurismo” se han visto constreñidos a comparecer en niveles de identificación, poco menos que en aplausos, con los comportamientos totalitarios del régimen aquél, sin dejar de insistir sin embargo, en que ellos son los apóstoles de la última democracia y los campeones de las más plenarias libertades imaginables en el mundo occidental.

El evento de lo que es más quiebra pura y dura que concurso de acreedores sobrevenido en el tramo final de la metamorfosis totalitaria de esta Venezuela, no podrá menos que tener algún impacto en la dinámica deflacionaria de las encuestas demoscópicas en nuestra Piel de Toro. Algo que se podría llamar algo así como “el ocaso de las albricias”.