Menos “deslealtad” que falta de circunspección

zapatero

Con la que está cayendo en la Venezuela del chavismo -que en la Cuba castrista se mira y al verse suspira…- el estadista José Luís Rodríguez Zapatero no ha tenido otra ocurrencia que la de irse a La Habana cogido del brazo del que fue ministro suyo de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, para entrevistarse con Raúl Castro y graduarse en progresía extrema. Como no podía ser de otra manera, el actual titular de Exteriores se ha abstenido de reacción crítica agriamente severa ante este último despropósito del anterior huésped de La Moncloa. Se ha limitado el ministro García Margallo ha señalar “deslealtad”, por el modo casi subrepticio en que se ha gestado y resuelto el viaje.

Cabría matizar la definición de lo efectivamente habido: falta de circunspección del ahora recolocado en el Consejo de Estado, dadas sus singulares capacidades para el dictamen sobre textos legales en tramitación. Es decir, aquello que se define por la RAE como” Prudencia ante las circunstancias, para comportarse comedidamente . Seriedad, decoro y gravedad”. Imposible un negativo más acabadamente preciso del personaje que por voluntad y desinformación del pueblo español tuvo en sus manos durante dos mandatos las riendas de la política nacional.

Como es obvio, el análisis y la glosa exhaustivos de este cumplido ejemplar de la nesciencia en la gestión de la cosa pública, daría de sí tanto como para componer casi un tratado sobre la materia. Pero sería todo ese espacio y el mucho tiempo que exigiría, tanto como desatender lo que demanda la dramática actualidad de la Venezuela de ahora mismo. En lo que tanto tiene que ver el castrismo de Cuba como fuerza motriz y fuente de inspiración del grave desvarío por el que cursa ahora en Venezuela cuánto desatino político cabe allí: desde la dilapidación de las riquezas materiales de un país hasta la agresión, tan sistemáticamente perpetrada, a las libertades individuales. Que son el alma y la argamasa de toda democracia que no sea la marxista.

A nadie con dos dedos de frente se le ocurriría irse a cumplimentar al vértice de la responsabilidad ideológica y política de la deriva totalitaria en que está sumida la Venezuela de ahora mismo, que en el pasado semirremoto cayó en una dictadura que la salvó de esa dictadura comunista a la que ahora retorna luego de haber logrado un largo periodo de libertades, en el que  -todo hay que decirlo- hubo también lo suyo de corrupción. Hasta que el populismo chavista captado por el leninismo de maraca vino a demostrar eso tan certero tantas veces de que el remedio puede ser peor que la enfermedad.