Escándalo en el panel del clima

La dimisión del ingeniero indio Rajandra Pachauri, presidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y Premio Nobel de la Paz en 2007, acusado de acoso sexual por una empleada en las dependencias administrativas de este observatorio dependiente de Naciones Unidas, es un suceso de relevancia proporcional al debate en que se desenvuelven los polémicos menesteres de tal organismo sedicentemente científico. Especialmente desde el momento en que se produjo el escándalo, en 2010, de la manipulación por parte de miembros del panel sobre el clima, significados por su alarmismo respecto de la identidad y origen de la evolución climática. Imputada ésta, por ellos, a la acción del hombre o antropogénesis, y con olvido manifiesto de otras hipótesis, como el impacto de erupciones volcánicas, como las habidas según registra la Historia del Clima, o las generadas por las variaciones de la actividad solar, expresadas por la variación de las manchas presentes en la superficie de nuestra estrella.

La peripecia en que se ha visto envuelto el que fue responsable último de la escandalosa manipulación en el seno del Panel para el estudio de los datos climáticos, aporta luz y color renovados a la persistida polémica sobre la evolución del clima, justo cuando está sobre la mesa, una vez más, qué debe hacerse internacionalmente para frenar el crecimiento del llamado “efecto invernadero” y sobre cómo se debe afrontar el reparto de las supuestas responsabilidades económicas y políticas, que estarían, hipotéticamente, en la base del problema.

Junto a la insistida presunción causal sobre la relevancia de las emisiones de CO2 por parte del Panel sobre el Clima, conviene reparar en otras fuentes, otras hipótesis de trabajo y distintas instrumentaciones científicas y técnicas. Por ejemplo, la de los científicos del NSO (Nacional Solar Observatory) de la AFRL (Ai Force Research Laboratory). Conforme esta fuente, en 2019 comienza un nuevo ciclo solar, de baja actividad y duración probable de entre 30 y 50 años de frío. Nada que ver con los presupuestos evolutivos en que insistió hasta ahora el tal Rajendra: ahora más que nunca reputado calentólogo.