Rusia progresa en su disenso con Occidente

Mientras el alto el fuego en la guerra de Ucrania se tambalea con la permanencia de incidentes armados dentro del teórico compás de alto el fuego pactado en la Conferencia de Minks, y en tanto que por Ginebra se ha reanudado una posible última fase de la Conferencia sobre Irán para el acuerdo que permita a Teherán un acceso a la tecnología nuclear para usos exclusivamente civiles, Rusia – que forma parte de la interlocución internacional como miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas – ha ofrecido al Gobierno iraní misiles tierra-aire Antei-2500.

Este movimiento de mercado armamentístico, mediante el cual la Federación rusa plantea sustituir a los S-300 ya pagados por la República Islámica en 2007, aunque no entregados por haber sido impuestas a ésta las sanciones internacionales al descubrirse sus programas secretos supuestamente aplicados a la obtención de tecnologías de enriquecimiento de uranio suficiente para obtener en su día la bomba atómica.

Aquellos trabajos secretos de Irán, que contravenían el Tratado Internacional para evitar la Proliferación de Armamento Nuclear, habían contado al parecer con complicidades de Corea del Norte –otras versiones apuntan a Pakistán -; pero al ser denunciados disidentes iraníes ante la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó graves sanciones económicas internacionales cuyo levantamiento aun sigue negociándose, encontrándose, sobre el papel, en su última fase.

Rusia, con los otro cuatro miembros permanentes del Consejo de Seguridad, más Alemania, forman la interlocución negociadora con los iraníes, de ahí que tenga conciencia clarísima de la teórica gravedad de este movimiento que afectaría de modo tan sustantivo a las sanciones internacionales impuestas a la República Islámica de Irán. El daño económico tan sustancial que le han infligido a la Federación Rusa las sanciones económicas europeas por su intervención en la guerra de Ucrania y por sus anexiones territoriales allí, explicaría puntualmente este movimiento ante Teherán, que habría de pagarle, además del dinero que Moscú ya cobró, el sobreprecio derivado de la nueva cohetería, pues los S-300, devenidos en obsolescencia, los dejó de fabricar la industria militar rusa, aplicada ahora a la fabricación de los ofrecidos Antei-2500 .

La represalia de Moscú diseñada en estos términos añade una disidencia de profunda significación, pues de sustanciarse sin haberse llegado a un acuerdo en la Conferencia de Ginebra, supondría una grave infracción del orden político internacional representado por la ONU.