Degluciones rusas y perversiones bolivarianas

La deglución rusa por anexión pura y dura de las regiones georgianas de Osetia del Sur y Abjasia, tras de la guerra de 2008, protocolizada ahora en Moscú, se viene a cruzar con las manifestaciones que van desde la sede del Kremlin hasta Vladivostok, en el oriente extremo de Siberia, contra la revolución patriótica del Maidan, hace un año, por parte de los ucranios, que derrocó al régimen del presidente Yanukóvich tras de la traición al Parlamento de Kiev en la Cumbre de Riga, contra el mandato recibido para que suscribiera el Tratado de Asociación Económica con la Unión Europea. El hombre de Moscú entonces depuesto se postula ahora para regresar al poder de Kiev, patrocinado por el Kremlin.

La manifestación rusa habida en Moscú ha incluido mítines en los que se ha ensalzado la figura del georgiano Stalin como exponente clave de los valores del nacionalismo ruso. Un ensalzamiento no salido de la minoría soviética todavía cursante en el sistema autoritario al que ha llevado Vladimir Putin la democracia rusa, luego de suprimir el principio de alternancia en el poder por medio de la eliminación de los límites al número de mandatos presidenciales.

En medio de este contexto se ha venido a desplegar por el anexionismo ruso, aplicando a sus contornos la trampa tendida en la conferencia cuatripartita de Minks sobre el régimen jurídico-político del alto el fuego recién pactado en la capital de Bielorrusia, al sostener los separatistas del oriente ucranio que ellos no infringieron el alto el fuego pactado, puesto que, a la hora de firmarse el pacto, ellos dominaban un espacio al que después no debían renunciar. La estafa político-militar de Vladimir Putin es tan palmaria que extraña cómo hasta ahora no ha sido denunciada ni por el Gobierno de Kiev ni por sus “abogados” franco-alemanes en las Conferencias de Minks.

Cabe deducir de ello que el anexionismo ruso no sólo sigue como estaba, sino que aparece reforzado por la propia inercia del proceso. Con ello se alimenta el sentimiento báltico de desconfianza y recelo, de aprensión e inseguridad. Todo un clima en el que abundan pareceres tan significativos como el del Segundo Comandante de la OTAN.

Como poco, habría que descartar la hipótesis de que luego de lo cosechado en Minks por los defensores de la integridad territorial de Ucrania nada aparece en el horizonte de que el mundo occidental remueva, para rebajarlas, las sanciones económicas y políticas a Rusia. De haber cambio en esta materia sería para endurecerlas.

PERVERSIONES BOLIVARIANAS.-

Exceptuado Enrique Capriles, el representante opositor oficialmente derrotado por Nicolás Maduro en las últimas elecciones presidenciales venezolanas, los principales líderes políticos de las mayorías sociales y políticas opuestas a la deriva totalitaria del régimen creado por Hugo Chávez bajo las pautas de la dictadura cubana, se encuentran encarcelados sin que haya mediado proceso judicial alguno que otorgue condición o base legal alguna a su presente situación. Ni Leopoldo López – hace estos días un año desde que se entregó voluntariamente, tras acusársele oficialmente de las muertes habidas durante las protestas -, ni Antonio Meza, alcalde de Caracas, apresado violentamente en su despacho oficial por supuesta conspiración contra el Estado, sin mandato de juez y con violencia de la tropa militar encargada de su aprensión, acusado sin pruebas de conspirar en el dicho sentido, y Corina Machado, removida de su fuero parlamentario y encarcelada también… , componen la nómina formal de la disidencia perseguida en la fraterna república venezolana.

Tan cumplida crónica de perversión bolivariana sigue y continuará como vértice superior del escándalo político iberoamericano, tanto por las referidas ilegalidades contra líderes de la Oposición como, de otra parte, por el hecho que desde ese mismo sistema, se viniera a propiciar parte significativa el soporte económico de la irrupción populista habida en la política española.

La concomitancia incuestionable entre los desafueros políticos de allí y el impacto aquí, en el horizonte político-electoral español, merecen ser no sólo observados puntualmente sino seguidos de modo sistemático. La realidad iberoamericana puede tener de todo menos irrelevancia. Su componente estructural para la opinión pública española es incuestionable.