Venezuela: efecto purgante sobre “Podemos”

Al cabo de un año del encarcelamiento – sin juicio ni condena previa – de Leopoldo López, el más destacado dirigente opositor al régimen chavista de Venezuela, se ha decantado a niveles hasta desconocidos, la percepción internacional sobre la irreversible quiebra de la democracia venezolana. Sobreviene allí el colapso del sistema de democracia representativa por la incasable labor de la piqueta totalitaria; especialmente tras de la muerte de Hugo Chávez.

Fue éste un militar nacionalista críticamente captado por La Habana en el arranque del tardocastrismo, hasta el punto de imbuirle en su momento (el ocaso clínico de su vida) la consigna y la instrucción de que Nicolás Maduro – analfabeto funcional modelado en los “talleres revolucionarios” de la Isla – pasara, sin solución de continuidad, desde las tareas de conducción en el transporte público al pilotaje la de la política exterior de Venezuela.
Refulgió en esto con protagonismo intenso durante la crisis institucional de Honduras, tras ser depuesto el presidente Zelaya por el Tribunal Supremo de su país al trasgredir los límites constitucionales sobre el número de mandatos presidenciales establecidos en la Ley Fundamental hondureña.

Una trasgresión la de Zelaya que, de triunfar, habría incorporado Honduras al mismo patrón de continuismo político – de falta de alternancia en el poder- que el de la Venezuela chavista y demás componentes del bloque de Estados bolivarianos. Un patrón o paradigma semejante al que Vladimir Putin y su comparsa Medvédev instalaron en la Federación Rusa para la continuidad sin fin de la diarquía actualmente asentada en el Kremlin. Al sustituir la efectiva alternancia democrática en la jefatura del Estado por la rotación interna, cada dos legislaturas presidenciales, entre las referentes a la jefatura del Estado y a las urnas para la presidencia del Gobierno. Así las cosas, se viene a comprobar aquello de que “ el poder corrompe y el poder absoluto (por inamovible en este caso) corrompe absolutamente”.

Esto se traduce, entre otras muchas cosas, en la institucionalización de la factibilidad de abusos y tropelías de toda ralea. Como, por ejemplo, la actual intervención rusa en Ucrania y antes en Georgia. Esa herramienta institucional de la perpetuación en la cúspide del sistema, lo mismo sirve para el intento de recrear el Imperio Soviético que para resucitar y extender, por vía populista, las dictaduras sovietizantes en el ámbito iberoamericano.

Que la orla “profesoral” de Podemos se haya alimentado subrepticiamente – mientras ha podido – de las ubres presupuestarias de Venezuela y otras fuentes iberoamericanas nada ejemplares en cuanto libertades sociales y políticas, especialmente como la actual Venezuela de Maduro, contra la oposición que pueda representar Leopoldo López, en cuanto a derechos humanos. Y también en lo que respecta a capacidades de gestión y distribución de las riquezas nacionales: como las ubérrimas de la misma Venezuela, arrasadas por la incapacidad y rapacidad gestoras, el esnifado ideológico, los enriquecimientos con la “nieve” andina – que no es la cumbrereña – y la sangría misma de la corrupción política…

Que todo ese enorme desastre esté en la base nutricia de cualquier dinámica de cambio para las urnas españolas que vienen, no es para echarse a temblar sino para irse, quienes lo sepan y puedan, a llamar las cosas por su nombre. Si hay algo que preferentemente exige la libertad es justamente eso. Justo lo que no puede hacer Leopoldo López. Todo un año sin ser juzgado por quienes le cierran la boca con los hierros de la cárcel.