Egipto pide permiso para entrar en Libia

Mujer llorando tras el asesinato de los cristianos coptos | Foto: EFE

Mientras Merkel, Poroshenko y Putin alcanzan telefónicamente un acuerdo para desbloquear el alto el fuego en el Este de Ucrania pactado en la Cumbre de Minks, a efectos de que la OSCE pueda controlar, entre otros extremos, la retirada del armamento pesado desplegado en la región – operación indispensable para desactivar el choque regional entre Kiev y los milicianos prorrusos -, otro conflicto, el del yihadismo descentralizado de Al Qaeda, operante como franquicias suyas, abre un frente en el oriente de Libia repitiendo la actuación en la guerra civil de Siria.

Ante el estado en que se encuentran uno y otro conflicto, el ruso-separatista de Ucrania y el yihadista que infecta la guerra civil en que Libia se encuentra sumida, se han producido dos lógicas reacciones: el acuerdo tripartito (Alemania, Rusia y Ucrania)para que pueda entrar en agujas la OSCE y el alto el fuego sea practicable, y la reacción del presidente egipcio Al Asisi, instando del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas la Resolución en cuya virtud su Ejército convierta la intervención puntual del lunes con un intenso bombardeo aéreo contra los islamistas degolladores de 21 campesinos coptos, en el principio de una intervención estable sobre la guerra civil líbica que se desarrolla en la Cirenaica, donde los terroristas del Estado Islámico han sentado sus reales tal como lo hicieron previamente en Siria.

El posterior secuestro por el EI de otros 60 emigrantes egipcios de la misma confesión religiosa que la de los 21 asesinados, da sentido y razón de oportunidad política a esta iniciativa del Gobierno de El Cairo, que de ser aceptada abriría paso a una fase de beligerancia militar africana contra el yihadismo. Aunque no sólo eso. También al cambio de la relación de fuerzas existente en el escenario líbico, dónde más aun que una guerra civil convencional, de diseño bipolar, lo que cursa sostenidamente es un caos multipolar: un desorden armado dónde tiene cabida todo tipo de inseguridad para la gente, como las degollinas masivas, y de daños en las cosas. De otro punto, ocioso es decir que una intervención egipcia, geográficamente adosada al escenario del caos líbico, tendría virtualidad resolutiva y estabilizante muy por encima de aquello en que se resolvió la intervención internacional en la campaña militar que acabó con el régimen y la vida del coronel Gadafi y que estableció sobradamente las bases de la ruina en que está sumido el país.