Minks: sólo “destellos de esperanza con resultado incierto”

Con el entrecomillado que precede esta nota resumía la canciller Merkel todavía en Berlín, antes de viajar a la capital de Bielorrusia camino de la Conferencia Cumbre sobre Ucrania, dónde se reuniría horas después del mediodía con los presidentes de Francia, Rusia y Ucrania, Hollande, Putin y Poroshenko, acompañados todos de sus respectivos ministros de Asuntos Exteriores. La sangre derramada durante el inicio de la jornada, con más de veinte muertos y 79 heridos, respondía a la lógica de la situación, al peso de las circunstancias que reducían a sólo “destellos” el espacio correspondiente a la esperanza. Un balance, en cualquier caso, coherente con las propios realidades políticas y militares objeto del encuentro. Tanto como para que el Poroshenko, el presidente ucranio, amenazara con instaurar la ley marcial si en la “Cumbre” de Minks no se lograba un acuerdo.

Todos hacían camino hacia la conferencia misma antes de que ésta comenzara. Lo hacían con las armas y con la propia negociación, a través del Grupo de contacto, aplicado a desbrozar en lo posible la intrincada y explosiva agenda política de la reunión, centrándose en puntos tales como los de la retirada de armas pesadas, régimen del alto el fuego y control del cumplimiento de éste. En el fondo el ambiente discurría por un canal de coherencia.
Era un abordaje quirúrgico, a corazón abierto, sobre la candente realidad de una guerra tan existente como no declarada. Para los eventuales acuerdos se habría de llegar en el arranque de la propia negociación, por parte de Ucrania, de Alemania y Francia ante Putin, conforme los parámetros de lo convenido en la anterior Conferencia de Minks, celebrada en Septiembre de 2014. Marco de encuentro en el que se habría de transitar, además de las especificaciones sobre la separación de fuerzas militares, hacia una configuración de Ucrania que permitiera encajar módulos de autonomía de distinta entidad. Y, obviamente, que permitiera fundamentar la exigencia frente a Rusia de que diera marcha atrás en su anexión de la península de Crimea.

Ocioso resulta decir que el debate de la Cumbre de Minks está empedrado de cuestiones de enorme fondo, de las que dependerá que el resultado sea fecundo y zanje la cuestión en bien de todos los intereses de paz implicados, concernidos en la cuestión de Ucrania. Algo que es tan importante en sí mismo como reflejo del cúmulo de cuestiones previas que convendría reconsiderar. Principalmente las que afectan al código de conducta de unos y otros ante los antagonismos reverdecidos en forma de Guerra Fría.

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