Rusia acompaña a Grecia en la atención de la UE

La reducción y concentración de competencias en el número de ministerios griegos, así como el lógico primado que se otorga a la gestión de la enorme carga económica que enfrenta el país; la elevación del salario mínimo y las medidas de socorro aplicadas a los estratos más menesterosos de la nación, combinado -¿cómo un guiño antifeminista?- con la desaparición de las mujeres en la titularidad de las nuevas carteras ministeriales …, compone las medidas con las que Tsipras ha compuesto el comienzo de sus funciones en la presidencia del Gobierno de Grecia.

Junto a ello se han comenzado a definir las posiciones- aparte de las esperadas por parte del Fondo Monetario Internacional, de la Comisión de Bruselas y del Banco Central Europeo -, las de miembros de la Eurozona frente a la cuestión peliaguda de aceptar o no cualquier tipo de quita a sus anteriores aportaciones crediticias a un país que partió con las cartas trucadas hacia la aventura del euro. El aspecto más real del problema aparece, especialmente, entre las naciones que no están instaladas en propios niveles de holgura financiera y que, además, encaran necesidades urgentes que atender dentro de sus respectivas necesidades internas. En este orden de apreciaciones figura el caso de España: prestataria de Grecia con cifras que rebasan con holgura los 20.000 millones de euros.

Lo que se le viene encima a la Eurozona ante el replanteamiento de la dialéctica de Atenas, por la naturaleza ideológica y política de quienes ganaron las elecciones del pasado domingo, no es plato de la mayor oportunidad, al haberse cruzado su presentación en la mesa con la afloración de un nuevo empeoramiento de la crisis de Ucrania. El desmoronamiento de los acuerdos de Minsk para la solución del problema del Este ucranio, al haberse incrementado en profundidad, extensión e intensidad los combates. Son ya más de 5000 las muertes habidos en ellos desde que comenzó una segmentada guerra civil entre las fuerzas nacionales que obedecen al Gobierno de Kiev y los milicianos separatistas manejados por Moscú.

Ello da pie a que la Unión Europea haya puesto sobre la mesa la oportunidad de una nueva tanda de sanciones económicas a Rusia. Algo de significación ahora más dañosa que las precedentes, puesto que el contexto internacional comprometería en términos cuantitativa y cualitativamente peores los correspondientes daños, al sumarse el impacto de tales sanciones con el desplome cierto de los ingresos nacionales rusos por causa del hundimiento del precio del petróleo.

Cuando la economía se torna arma de guerra contra la parte que hace la suya para la revisión geopolítica del marco general de las relaciones Este-Oeste (se dice que Putin estaría manejando la alternativa de ceder en su presión militar con las milicias separatistas de Ucrania si Kiev aceptase reconocer la anexión de Crimea) , el escenario europeo se trastocaría en términos nada favorables a que el Gobierno de Syriza saliera triunfante en su desafío a los acreedores de Grecia.