Detonadas las especulares urnas griegas

Aunque ayer, al caer la noche en España, toda Europa tenía clavados los ojos en las urnas griegas, cuando éstas ya habían cerrado en su meridiano, la atención europea más diferenciada por la intensidad del mirar entre las naciones miembro de la UE era España. Los últimos sondeos a pie de urna habían insistido en reflejar una ventaja rayana en la mayoría absoluta favorable a Syriza, la coalición de izquierda dura cuyo discurso político y su calado ideológico rebasa de largo lo meramente sintónico con el español “Podemos” de Pablo Iglesias, para inscribirse en la radicalidad del mismo mensaje populista.

De cuantas lecturas nacionales en el seno de la Unión Europea interiorizan el proceso electoral griego concluido en la tarde de ayer, ninguna lo ha podido hacer como la española. En verdad, pocas veces concurren circunstancias como las presentes: un mismo discurso, el de Syriza y Podemos, aplicado a dos realidades económicas tan opuestas, la de Grecia, constreñida al dictamen de esa suerte de “consejo médico” constituido por la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, y la de España, que está en cabeza a estas horas del crecimiento económico en la UE al cabo de un proceso de recuperación con unos costes ciertos de deterioro demoscópico que han nutrido, al menos a corto plazo, el ascenso de “Podemos” en las encuestas y determinado la seria erosión del Partido Popular y un retroceso del PSOE que describe como muy grave el riesgo de quiebra del bipartidismo que ha vehiculado el ejercicio del poder en España a lo largo de la Transición.

Nada tiene que ver por tanto el cuadro económico y político del asalto electoral del populismo de Cyiriza en Grecia – catapultado desde condiciones dramáticas en lo económico y lo social – con el diseño de populismo chavista envuelto en leninismo de retorno, destilado un día en los “talleres” del castrismo habanero y ahora envasado por el calamitoso régimen de Nicolás Maduro. Hay una diferencia abismal entre los respectivos contextos en los que operan Iglesias con su Podemos y Tsipras con su Syriza, que en el recuento del 40 por ciento de los sufragios griegos se sostenía aún junto al quicio de la mayoría absoluta.

Lo de “chupar rueda”, como se dice en el argot del ciclismo, no es opción o posibilidad en que pueda ilusionarse Podemos a la vista de los resultados obtenidos por sus pariguales ideológicos en el populismo que han vencido en los comicios generales griegos, tal como reconoce el derrotado Samaras. Pensar que en las elecciones municipales de la primavera próxima pueda beneficiarse Podemos de los resultados de sus iguales en las anticipadas elecciones generales de ayer, es en principio algo que colisiona con la lógica más elemental. Lo mismo que choca, porque nade tiene que ver una con la otra, la realidad del naufragio económico griego con la certeza de la recuperación económica española.

Y obvio resulta decir que no cabe esperar que de aquí a la primavera ni Syriza ni nadie sea capaz de alcanzar cotas de éxito económico y social de las que pueda beneficiarse Podemos por la presencia ahora de Pablo Iglesias en Atenas. No caben milagros contra la realidad de las cosas en letras a noventa días.