Impacto del BCE en las urnas griegas

Sería algo más que una curiosidad viciosa saber cuantificadamente el impacto demoscópico en las urnas de Grecia de este domingo en el parecer del electorado de los términos concretos de la anunciada compra de deuda por el Banco Central Europeo. El cambio de paisaje por este suceso crítico no sólo refleja y traduce un desenlace en términos de contraposición ideológica de Alemania con la ‘banda del sur’ (Italia y Francia) del espectro político dentro de la UE, sino también, muy puntualmente ahora, en los comicios helenos.

La cosa no es para menos. Pocas veces el suceso mayor en el reducto de una democracia europea se ha visto sacudido por el hecho sustancialmente externo a ella emanado por la decisión de una instancia supranacional, como es el BCE, que supone tanto como el impacto de un torpedo en la línea de flotación de ese escenario demoscópico griego que anticipaba, hasta hace poco más que sólo unas horas, un desenlace electoral de condición sísmica no sólo para la política nacional de los griegos sino también contra la sosegada recuperación de la normalidad económica, salvada la recesión, en el conjunto de la Unión Europea.

Visto desde esta perspectiva de globalidad correspondiente al magno suceso institucional de la intervención del BCE en la función reguladora de la estabilidad económica que institucionalmente le corresponde, qué salga ahora de las urnas griegas de este domingo, comparada con lo que ha sido demoscópicamente hasta el presente fin de semana, dará la medida de muy diversas cosas sobre la marcha del proyecto europeo. Las condiciones de interacción efectiva entre la realidad política interna de las naciones integradas en esta aventura histórica y el contexto institucional correspondiente, no podían ser más expresivas de su condición real de lo que se demuestre ahora en el espacio de la vieja Hélade.

Desde un punto de vista digamos que teórico, podrá decirse que lo decidido por el BCE, mucho más allá de estas urnas de Grecia, no ha sido otra cosa que el desenlace de un debate de doctrina en la gestión institucional de un severo problema de coyuntura: el del coste, medido en términos de riesgo, de elegir la respuesta adecuada frente a la deflación emergida y la inflación temida. O sea, la respuesta a la ‘norteamericana’, representada por lo actuado desde la Reserva Federal, o la posición sostenida por el Bundesbank alemán.

En lo político, el problema griego – que no es sólo griego por cuanto afecta al conjunto de la Unión Europea – no resulta otro ahora mismo que el de saber cual será este domingo el impacto electoral de la actuada compra de deuda por el Banco Central Europeo. Algo que, de otro punto, tiene reflejos electoralmente también, nada despreciables sobre el horizonte electoral de España.