Reto fiscal de Obama al Congreso

Cuando se da por superada la recesión económica en Estados Unidos – mientras en la Unión Europea la recuperación parece que podría depender a corto plazo de la compra de deuda por el BCE (Banco Central Europeo) -, si hubiera que comparar el peso de los retos contenidos en el discurso sobre el Estado de la Unión pronunciado por el presidente Obama, ante la mayoritaria oposición republicana, habría concederse el primado al que corresponde a su doble propuesta de gravar más, en términos suficientes, a las grandes fortunas y elevar los salarios para así potenciar las clases medias norteamericanas. Ámbito sociológico que, allí como en todas partes, se corresponde con la clave del arco que sostiene las democracias para las libertades. Que no, como pudiera parecer en este caso, las democracias para la igualdad, por las que manotean izquierdas de nuevo diseño y sabidas pretensiones.

Contiene tal apartado del discurso presidencial ante el Congreso norteamericano la materia de más calado dentro del actual mandato presidencial, por más que sea cierto en importante medida el cierre de un ciclo histórico de campañas militares en el exterior, con su peso, sus gastos y sus muertos… Aunque sea justo señalar el gran carácter sistémico que representa para las relaciones de Washington la iniciada normalización del trato político y normalización comercial entre Estados Unidos y Cuba. Lo que significará, si cristaliza en plazos razonables, un genuino cambio de eje en la política panamericana, cuando el renacimiento de la tensión geopolítica con Rusia por causa de la intervención de Moscú en Ucrania, impulsa y orienta un interés nuevo del Kremlin en restablecer presencias en la misma Cuba y espacios iberoamericanos políticamente sintonizados por ésta antes de que se iniciara el proceso de restauración de la normalidad en las relaciones de Norteamérica con Cuba.

La virtualidad de estos cambios en las propuestas políticas de la actual Casa Blanca, como también ocurre en el capítulo internacional referente a las negociaciones con el Gobierno de la República Islámica de Irán sobre su programa nuclear, viene profundamente condicionada por esa mayoría política republicana en el Congreso y el Senado. Por más que la capacidad presidencial de veto no deje de ser otro condicionamiento de rango estructural, propio del género presidencialista al que responde la Constitución estadounidense.

Merece insistir también, ante el contenido temático de los retos de Obama cuando aún le restan dos años más en la Casa Blanca, el relevante dato de que la recuperación económica de Estados Unidos frente a la crisis económica se ha visto enmarcada en criterios bien distintos, prácticamente opuestos, a los seguidos en este añado el Atlántico ante la compartida recesión. Muy especialmente en lo que se refiere al papel jugado por la Reserva Federal norteamericana, frenada hasta ahora por Berlín, que se corresponde con enorme nitidez en su materialización con el rumbo esperado a partir de este jueves del Banco Central Europeo con compra de bonos suficiente para que la economía real de la Eurozona reciba el riego financiero que permita recuperar el crecimiento.