El yihadismo reta a la cohesión política de la UE

Si algo faltaba a la argamasa de la cohesión política de la Unión Europea – entendida como estructurante del proceso – de unidad, era la integración urgente de la puesta en común de las informaciones y sistemas informáticos que canalizan y ordenan los datos referentes a las actividades, las intercomunicaciones y los sistemas operativos de las gentes yihadistas. Es decir, la realidad emergida como desafío común a los miembros de la Unión Europea, en tanto que conjunto destinatario de una hostilidad de base nueva e independiente de los problemas derivados de la renacida tensión Este-Oeste, surgida de la actividad político-militar rusa en el Mar Báltico y el Mar Negro emprendida por la Rusia de la diarquía formada por Putin y Medvedev, con el actual despliegue aeronaval en el mundo después de la guerra de Georgia en 2008, y con la intervención de variado orden, político y militar en Ucrania.

El problema de la captación conjunta de cuanto circula por las redes internas del yihadismo no se reduce al ámbito comunitario de la Unión Europea; afecta a otros ámbitos de la comunidad occidental, como el de la propia OTAN. Alcanza, en principio, a cuantos Estados albergan en su seno comunidades islámicas sobrevenidas en su interior, por la emigración laboral, en tiempos muy posteriores a los de su eclosión como unidades nacionales de convivencia política. Este es el marco del problema de atención preferente después de la crisis nacional que ha provocado en Francia el atentado de la revista Charlie Hebdo y el ataque al supermercado judío, con sus correspondientes matanzas.

El problema afecta también a entes nacionales fuera del radio correspondiente a los miembros de la Unión Europea y a otros órdenes de relación y de alianza que los de la UE y los de la OTAN. Me refiero, por ejemplo a la Federación Rusa y al caso de la propia China, dónde la eclosión de comunidades islámicas procede de la ideológica evolución interna en el seno de algunas de sus nacionalidades y etnias, y no de las sedimentaciones grupales originadas por la emigración, como ha sido el caso de Europa.

El yihadismo, como problema compartido de seguridad, insta a una específica comunidad de esfuerzos en el seno de la Unión Europea de la misma forma que ha llevado, dentro de la comunidad Occidental, a Estados Unidos y Gran Bretaña a la integración en una misma célula informática de sus respectivas fuentes y bases de datos. Otros planos de comunicación sin reservas se siente esperar ante esta presión transversal que emerge fuera de la renovada tensión geopolítica Este-Oeste, mientras el nuevo problema de conjunto planteado por el yihadismo obliga a convertir la necesidad de una nueva y específica cohesión en virtud de mayor unidad colectiva.