Compás crítico en Venezuela

Con un Maduro que no acaba de cerrar su agenda de viaje por el mundo, buscando quien le eche un cable ante el colapso de la economía venezolana por la caída que no cesa en el precio del petróleo, el presidente sucesor de Hugo Chávez ha rematado su periplo por China, Irán y Arabia Saudí con el aterrizaje en Moscú, prescindiendo de su escala norteafricana en Argel.

Veremos ahora si la Federación Rusa, cuya economía no se encuentra en las condiciones más adecuadas para acudir en socorro de nadie, es capaz de lanzarle un salvavidas. Y si lo fuera a qué precio estaría dispuesta a echárselo. Putin, con los números quebrantados de la economía rusa por el mismo mal que aqueja a la economía venezolana – a lo que se añade el impacto de las sanciones occidentales por su política anexionista en Ucrania – no parece disponer de mucho margen para atender ningún género de socorros para nadie. Ni siquiera en términos de estricta usura, económica o política.

Cabe sin embargo la posibilidad que Moscú pudiera echarle una mano como “subcontratista” de Pekín: donde Nicolás Maduro comenzó su periplo insólito por las nubes. China tiene en estas horas con la Federación Rusa compartidos planes de penetración en el mundo hispanoamericano: un horizonte de propósitos que podría ser la base para riesgos compartidos también echándole un cable “in extremis” a la quebrada contabilidad nacional de Venezuela, ocasionada por los dispendios, la torpeza y la corrupción que han jalonado la ya dilatada crónica del chavismo, como sucursal ideológica y política del castrismo cubano.

Y a este propósito tiene su aquél que el aterrizaje de Nicolás Maduro en Moscú haya venido a cruzarse en la misma página de la actualidad informativa con el primer compás de desarrollo de la acordada normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos Un avance centrado de momento sobre lo económico, principalmente en modificaciones cuantitativas de los flujos monetarios y los intercambios comerciales.

Todo esto debe ser anotado, a la vista de la crítica situación económica, social y política de Venezuela, teniendo en cuenta además de qué tan significativa manera, desde el otoño de 2013, por Ucrania, ha quebrado también como la propia Venezuela, el estatus quo de las relaciones Este-Oeste. Insólito ha sido el viaje emprendido por Nicolás Maduro para buscar afuera, por el mundo de los exportadores de petróleo y de los circunstanciales socios políticos, todo cuanto no se supo evitar adentro con la dilapidación sostenida y sistemática de los inmensos recursos nacionales.

La pregunta que debe hacerse ahora es la de si la catástrofe económica en que el chavismo ha sumido a Venezuela no va a ser seguida por la implosión política nacional y regional de éste.